
40 mil casas abandonadas en Juárez, la mitad de las registradas entre 2005 y 2010
Decenas de edificios comerciales y residencias en desuso persisten en el centro y zonas periurbanas, aunque estudios municipales señalan una recuperación de más del 50% de la vivienda abandonada en la última década
Decenas de edificios comerciales y residenciales en estado de abandono se detectan en el centro de Ciudad Juárez, entre ellos el antiguo Hotel San Antonio, el Mercado Juárez y los edificios Carlos Villarreal, así como inmuebles históricos de valor arquitectónico, según datos del Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP).
Estas construcciones permanecen desocupadas, vandalizadas o en condiciones de subutilización desde hace varios años, generando un impacto visible en el paisaje urbano y en la vida cotidiana de la ciudad.
De acuerdo con investigaciones del IMIP, entre 2005 y 2010 se registraron hasta 110 mil casas abandonadas en toda la ciudad.
Para 2020, esa cifra se redujo a aproximadamente 40 mil viviendas, lo que representa una disminución de más del 50%.
Esta recuperación se atribuye a procesos de ocupación formal, reasignación de viviendas y, en algunos casos, ocupación informal, que aunque irregular, contribuye a reducir el abandono.

“Hay muchos edificios y construcciones en mal estado o completamente abandonados, como se evidenció en el estudio realizado en 2014 sobre la zona centro de Ciudad Juárez, parte del Plan Maestro de Desarrollo Urbano”, explicó una fuente del IMIP que pidió mantener el anonimato.
De acuerdo con el documento, la mayoría de estas construcciones se concentran sobre la avenida 16 de Septiembre, en el primer cuadro de la ciudad. Entre ellas destacan los edificios Río Bravo, Jorge Villarreal, Carlos Villarreal, Rafael Tomás Fernández y el Hotel San Antonio, que se identifican como subutilizados desde hace muchos años.
En la periferia de la ciudad, el Diagnóstico de la zona periurbana del IMIP abarca sectores del suroriente de Juárez, incluyendo Talamás Camandari, Las Torres y Bulevar Zaragoza, donde se ubican fraccionamientos relativamente nuevos, construidos entre 2005 y 2010.

Allí también se detectó vivienda abandonada y en desuso, aunque en menor proporción que en el centro. Según la fuente, “en los recorridos recientes hemos constatado que el abandono de la vivienda ha disminuido gracias a la ocupación, tanto formal como informal”.
El abandono masivo de viviendas se vinculó en gran medida a la crisis económica que atravesó México entre 2005 y 2010, que provocó procesos de desocupación y vandalización en muchas zonas de la ciudad.
Posteriormente, entre 2018 y 2020, se registró una recuperación significativa: el INEGI reporta que, de las aproximadamente 110 mil viviendas desocupadas, más de 50% han sido recuperadas.
Esta recuperación ha sido resultado de la reasignación legal de viviendas, así como de ocupaciones informales que han permitido disminuir el número de casas abandonadas a unas 40 mil.
El abandono de edificios comerciales y de oficinas también es un fenómeno predominante en el centro histórico, aunque no existe un registro exacto de la cantidad de inmuebles desocupados.

“Se puede dar uno una idea simplemente recorriendo la zona”, señaló la fuente, refiriéndose a la presencia de inmuebles vacíos que deterioran la imagen urbana y generan riesgos de seguridad y vandalismo.
Los edificios en abandono representan un desafío para la planificación urbana y social de la ciudad.
Por un lado, muestran el impacto de crisis económicas y cambios demográficos; por otro, plantean oportunidades de reconversión, ya sea para vivienda, comercio, espacios culturales o comunitarios.
Expertos del IMIP destacan que la recuperación de estos espacios depende de políticas públicas enfocadas en rehabilitación urbana, incentivos a la inversión privada y programas de ocupación formal, que garanticen la seguridad jurídica y el uso eficiente de la infraestructura existente.

A pesar de los avances, aún persisten desafíos importantes. Las zonas más afectadas, como el centro histórico, requieren intervenciones más estratégicas para prevenir el deterioro y el abandono, mientras que los sectores periurbanos muestran un proceso más dinámico, donde la ocupación informal contribuye parcialmente a disminuir la cifra de viviendas desocupadas.
El estudio del IMIP subraya que la vigilancia, la planificación y la inversión son clave para transformar estos espacios en activos urbanos que beneficien a la población.

