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“Pensé que no podía pasar nada… y casi pierdo a mis dos hijos”: madre alerta sobre rickettsia

Por Jesús Molina | 6:34 pm febrero 24, 2026

Valeria tiene 13 años y hasta hace poco llevaba una vida normal.
Iba a la escuela, tenía buenas calificaciones y no padecía ninguna enfermedad grave.
Todo cambió el martes 3 de febrero, cuando pidió a su mamá regresar a casa porque le dolían mucho los huesos.
En ese momento nadie imaginó que ese dolor era el inicio de una enfermedad peligrosa.
Al llegar a casa, Valeria se recostó y se quedó dormida.
Para su madre, eso fue una señal clara de que algo no estaba bien.
“Ella no duerme en el día. Es muy raro. Cuando fui y la toqué, estaba muy caliente, tenía mucha fiebre”, recuerda.
Preocupada, decidió llevarla a una farmacia para que la revisaran.

Un diagnóstico que no convenció
En la farmacia le dijeron que podía ser COVID-19 y le recetaron medicamento para bajar la fiebre.
Sin embargo, la temperatura de Valeria no se controlaba.
Subía y bajaba durante todo el día.
La madre no se quedó tranquila y decidió buscar otra opinión médica.

El miércoles 4, llevó a su hija con el médico familiar. Ahí el diagnóstico fue diferente; sarampión.
Le pusieron una inyección para la fiebre y le pidieron vigilar su evolución.
Por precaución, la niña no fue a la escuela jueves ni viernes.
La madre estuvo pendiente de ella todo el tiempo.
Para el viernes, Valeria parecía estar mejor.
Ya no se quejaba tanto y la fiebre había bajado, por lo que la madre regresó a trabajar, pensando que el problema estaba pasando.
Al volver del trabajo, recibió una llamada que la hizo correr.
El hijo mayor le avisó que Valeria otra vez tenía dolor de huesos y ahora también dolor de cabeza.

“Lo primero que hice fue tomarle la temperatura y estaba muy alta. Ya no esperé y me la llevé directo al Seguro”, cuenta.

En urgencias del IMSS número 6, los médicos la atendieron de inmediato. Durante la revisión notaron manchas rojas en su piel. Fue entonces cuando hicieron una pregunta clave: si la niña había tenido contacto con garrapatas.
La madre recordó algo que había ocurrido dos semanas antes.

“Mi hija me dijo que sintió algo caminarle en la pierna y era una garrapata. Le quité la ropa rápido, pero no tenía picadura ni ronchas, no tenía nada”, explica.

Aun así, ese dato fue suficiente para que los médicos decidieran internar a Valeria por una posible infección de rickettsia, una enfermedad transmitida por la mordedura de garrapata.
El estado de la niña se complicó rápido.
El sábado 7 de febrero, Valeria fue canalizada para recibir medicamentos, pero durante la madrugada su salud empeoró.
Cerca de las dos de la mañana, los médicos tomaron una decisión urgente; entubarla para poder ayudarla a respirar.
Mientras la familia esperaba noticias, ocurrió algo más alarmante.
José, el hermano de Valeria, llegó con los mismos síntomas; dolor de huesos y manchas rojas en el cuerpo.
También fue internado de inmediato.
Ahora los dos hermanos tenían rickettsia.

Dos hijos enfermos y una lucha diaria
Hoy, martes 24 de febrero, Valeria y José forman parte de los casos activos de rickettsia.
José ya se encuentra fuera de peligro, pero Valeria sigue delicada.
Su estado es estable, aunque los médicos dicen que aún no está fuera de riesgo.
Hasta ahora, Valeria ha necesitado 27 transfusiones de plaquetas, cada una con un costo aproximado de 420 pesos, lo que ha representado un gasto muy fuerte para la familia.

Por ello, su madre compartió su número telefónico para quien desee ayudar con los gastos médicos.
A pesar del dolor, la madre no deja de agradecer al personal médico.

“Estoy muy agradecida con las enfermeras y los doctores. Nos han tratado muy bien, con respeto y humanidad”, señala.

Pero también hace un llamado urgente a la comunidad y a las autoridades.
“Yo pensaba que no podía pasar nada. Hoy me di cuenta de que sí pasa, y pasa muy feo. Todo el tiempo me decían que mi niña se podía morir”, dice.
Pidió que se refuercen las fumigaciones, sobre todo en colonias en construcción, y que se atienda el problema de los perros callejeros en el poniente de la ciudad. “Hay muchos niños que salen a jugar con ellos y eso es un riesgo”, advierte.
La historia de Valeria y José es un llamado de alerta.
La rickettsia no es una enfermedad lejana ni rara. Está presente en las colonias, en los animales sin control y en entornos donde no hay fumigación constante.
Detectarla a tiempo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

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