
Efraín: El barbero del Kilómetro 28 que comenzó como paletero
El peluquero y confidente lleva su vida de la mano de las tijeras desde los 6 años de edad...
En una zona donde el ritmo de la ciudad parece ir más lento que en otros puntos de Ciudad Juárez, las barberías se convierten en pequeños centros de encuentro. En el Kilómetro 28, uno de esos espacios tiene detrás la historia de Jonathan Efraín Hernández Galaviz, un joven barbero que desde hace seis años ha hecho de las tijeras, la máquina y la conversación su forma de vida.
La historia de Efraín comenzó casi por casualidad. Él recuerda que todo inició por simple afición, cuando veía a sus amigos de la colonia cortar cabello. Aquella curiosidad fue creciendo poco a poco hasta convertirse en algo que realmente le apasionaba. Después de salir de trabajar en la paletería de su padre, se dedicaba a ver videos en internet para aprender técnicas y luego practicaba con quienes se dejaban: sus amigos del barrio.
Con paciencia y muchas horas de práctica, su habilidad comenzó a notarse. A los 16 años logró entrar a trabajar en su primera barbería, un paso que marcaría el inicio formal de su carrera. Desde entonces, Efraín empezó a formar su propia clientela, personas que llegaban primero por un corte y que con el tiempo se quedaron por la confianza.
Para Efraín, la barbería es mucho más que un lugar donde se arregla el cabello o la barba. Efraín asegura que muchas veces se siente como un cantinero o incluso como un psicólogo. Entre corte y corte, los clientes le cuentan sus alegrías, sus preocupaciones y hasta sus problemas personales. Él escucha, aconseja cuando puede y comparte el momento, algo que considera una de las partes más valiosas de su trabajo.
Sin embargo, reconoce que el camino no siempre ha sido sencillo. Trabajar en el Kilómetro 28 puede ser complicado, ya que se trata de un sector que aún no está completamente urbanizado y donde el flujo de clientes no siempre es constante. Aun así, Efraín asegura que cada persona que llega a su silla representa una oportunidad y un voto de confianza.
Por eso, dice sentirse agradecido con quienes han confiado en su trabajo desde el inicio, especialmente con los clientes que, con el paso del tiempo, se han convertido en visitantes frecuentes y leales. Para Jonathan Efraín Hernández Galaviz, cada corte no solo es parte de su oficio, sino también una historia más que se suma a la vida cotidiana de la barbería del Kilómetro 28

