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Indigna el caso Eithan… pero la violencia empieza en casa

Por Jesús Molina | 2:32 pm marzo 27, 2026

Foto: Imagen generada con IA

El maltrato infantil crece en Ciudad Juárez y expone una práctica normalizada que puede escalar hasta el extremo.

Jesús Molina

En Ciudad Juárez hay más de 407 mil niñas y niños, de acuerdo con el informe Así Estamos Juárez 2025. En ese universo, el inicio de este año trajo un dato que preocupa: los casos de maltrato infantil y abuso sexual aumentaron 35 por ciento, según la Subprocuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes del Distrito Judicial Bravos.

El caso del niño Eithan no es un hecho aislado. Es la evidencia más extrema de una violencia que muchas veces comienza dentro de casa y que, bajo la idea de “corregir”, puede escalar hasta el abuso y, en los peores escenarios, hasta la muerte.

FOTO: José Zamora

En la cultura mexicana, los llamados “golpes correctivos” siguen siendo vistos por algunos como una forma válida de disciplina. Azotes, bofetadas o sacudidas que se repiten generación tras generación. Sin embargo, la evidencia apunta en sentido contrario.

Lucía Chavira, directora del DIF municipal en Ciudad Juárez, advierte que la violencia no disminuye: escala.

“Al educar con disciplina o límites claros, no se debe caer en el ejercicio de la violencia”.

La violencia no educa

Desde la psicología, el diagnóstico es claro. La violencia no forma, no corrige y no enseña.

Olga Hernández Vázquez, psicóloga con maestría en psicología educativa, explica que este tipo de crianza deja secuelas emocionales que se arrastran por años.

“El estilo de crianza que nos han dicho que funciona, lamento decirlo, deja estragos. Genera distanciamiento entre las familias”.

La especialista describe un patrón que se repite en consulta: hogares donde la comunicación está rota incluso antes de que aparezca el conflicto.

“Llegan mamá y papá, cada uno en su teléfono, y el niño o la niña igual. ¿Dónde está el vínculo?, ¿dónde está la conversación?”

En ese contexto, los niños crecen reconociendo a sus padres como figuras de autoridad, pero no como figuras de confianza. A largo plazo, eso se traduce en adultos funcionales, pero emocionalmente limitados.

“A lo mejor hay respeto, visitas, agradecimiento… pero no existe la confianza de decir ‘mamá, me está pasando esto’”.

Familias al límite

El contexto de Ciudad Juárez también pesa.

La dinámica laboral, marcada por la industria maquiladora, obliga a miles de familias a iniciar su jornada desde la madrugada. Eso genera lapsos en los que niñas y niños quedan sin acompañamiento.

“Si los papás trabajan a las 5 o 6 de la mañana y los niños entran a la escuela a las 8, hay un lapso en el que no están acompañados”, explica la directora del DIF.

A esto se suma una realidad poco visible: el agotamiento.

Muchas mujeres enfrentan dobles o triples jornadas, sin espacios de descanso ni redes de apoyo. El desgaste emocional termina impactando directamente en la crianza.

FOTO: Jesús Molina

“Estamos tan cansadas, tan hartas, que el día que se nos derrama el vaso, somos violentas con los hijos”, resume una psicóloga.

La ciudad tampoco ayuda. Colonias en expansión, trayectos largos, escuelas saturadas y falta de espacios públicos generan un entorno que incrementa la vulnerabilidad de la infancia.

No es solo la familia, es el sistema

Reducir el problema a lo que ocurre dentro de casa es insuficiente.

Laurencio Barraza, secretario ejecutivo de la Red Tira Paro, advierte que hay una ausencia importante de instituciones que deberían garantizar los derechos de niñas y niños.

“Hay una ausencia fuerte de instituciones públicas”.

El ejemplo es claro: en el suroriente de la ciudad, hasta el 40 por ciento de los adolescentes que buscan ingresar a secundaria no encuentran lugar.

Las carencias no se limitan a la educación. También alcanzan el transporte, la seguridad y los espacios de convivencia.

El caso de Eithan provocó indignación social. Sin embargo, gran parte de esa reacción se tradujo en discursos violentos.

“Lo más fácil es sumarnos al linchamiento y deslindarnos”, advierte la sicóloga.

Pero ese mismo impulso —responder con violencia— es parte del problema.

Por eso, más allá de la indignación, el reto es otro: revisar las prácticas cotidianas y romper con la normalización del maltrato.

También implica actuar. Denunciar casos de violencia puede marcar la diferencia entre un entorno de riesgo y una intervención a tiempo.

En Ciudad Juárez, donde miles de niñas y niños crecen en condiciones de vulnerabilidad, la pregunta ya no es si la violencia educa.

La respuesta está a la vista, de acuerdo con los enrevistados:

La violencia no forma, no corrige y no enseña. La violencia, tarde o temprano, destruye.

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