
Mientras despedían a Eithan en el panteón, reafirmaba ante el juez que no lo quería
La inhumación del menor ocurrió al mismo tiempo que su madre se declaraba culpable en audiencia judicial.
Mientras el cuerpo de Eithan Daniel era sepultado en el panteón Jardines del Recuerdo, ayer domingo, su madre, Vianey Esmeralda H.G., reafirmaba ante un juez de control que no amaba al menor, al tiempo que se declaraba culpable de haberle causado la muerte.
El sepelio del niño, de un año y medio de edad, se llevó a cabo con la presencia de familiares y ciudadanos que acudieron a acompañar a la familia paterna en la despedida. El ataúd blanco fue trasladado hasta la fosa entre arreglos florales y globos blancos colocados alrededor del sitio.
Durante la ceremonia se escucharon piezas musicales y algunos asistentes se acercaron para permanecer junto al féretro antes de que fuera descendido. La abuela paterna se mantuvo en el lugar durante todo el proceso de inhumación, acompañando el traslado y el descenso del ataúd.
El féretro fue colocado junto a la excavación y posteriormente descendido, mientras los asistentes permanecían alrededor. Tras ello, comenzó a ser cubierto, en medio de la permanencia de familiares y personas que acudieron a acompañar el momento.
De manera simultánea, en una sala de audiencias, la madre del menor enfrentaba el proceso penal en su contra. Ante el juez, Vianey Esmeralda H.G. aceptó su responsabilidad en el homicidio y reiteró que no quería al niño.
En su intervención, también excluyó de responsabilidad a su pareja sentimental, al señalar que no tenía relación con los hechos. Indicó que asumía la culpa desde el inicio del proceso.
Durante la audiencia, el Ministerio Público expuso datos de prueba, entre ellos el informe de necropsia, en el que se documentan diversas lesiones en el cuerpo del menor en distintas partes, así como antecedentes de violencia.
Los hechos ocurrieron el mismo día en distintos puntos de la ciudad: por un lado, la despedida del niño en el panteón; por otro, la audiencia judicial en la que se formalizó la aceptación de culpabilidad.
En el cementerio, tras la inhumación, los asistentes permanecieron algunos minutos frente a la tumba antes de comenzar a retirarse.
En la sala de audiencias, el proceso penal continuó su curso conforme a las etapas establecidas por la ley

