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El milagro de Valeria: sobrevivió a una garrapata, pero nada volvió a ser igual

Por Jesús Molina | 3:15 pm abril 2, 2026

La falta de espacios, la precariedad familiar y la ausencia de políticas públicas los colocan en mayor riesgo de violencia, adicciones y exclusión.

Por: Jesús Molina

Valeria, junto a su hermano Daniel, fue mordida por una garrapata en febrero pasado, lo que los mantuvo internados por más de dos semanas en un hospital del IMSS. Sin embargo, la más perjudicada fue Valeria, quien lucha contra las secuelas de una enfermedad que afectó la movilidad de sus piernas y que le dejó sin cabello en varias partes de la cabeza.

Al salir de su cuarto, la adolescente de 13 años camina de forma lenta, sujetándose del marco de la puerta y, finalmente, del sillón, donde su madre la observa para evitar alguna caída. Cuando se sentó, su madre explicó a Juárez Digital que, en palabras de los doctores: “Me dijeron que el caso de mi hija fue un milagro”.

FOTO: Jesús Molina

Actualmente, Valeria puede moverse libremente por toda la casa, principalmente porque parte de la terapia física requiere que así lo haga; sin embargo, su madre relata que no siempre fue así. Al principio hubo mucho dolor y poco descanso, tanto para ella, que la cuidaba por las noches, como para Valeria, que no podía dormir debido a las lesiones en su cuerpo.

“A ella se le hicieron lesiones en las piernas, en sus pompis, por estar acostada”.

Un cuerpo que todavía no responde

La madre relata que la niña salió del hospital un viernes y que, dos días después, debido a los dolores en las plantas de los pies, tuvo que ingresar nuevamente. Dentro del hospital, el doctor realizó un chequeo general en el que se confirmó que la salud de Valeria estaba estable, a excepción de su cerebro, que aún presenta inflamación.

“Dice el doctor que ella todavía trae su cerebro inflamado; (y) que va a tardar de 4 a 5 meses en desinflamarse”.

La inflamación, según los doctores, ha provocado cambios de ánimo muy constantes.

“Va a haber días en que esté cariñosa y días en que va a estar enojada, porque su cerebro está inflamado”.

FOTO: Jesús Molina

Los cambios no solo se reflejan en su estado de ánimo. El cuerpo de Valeria también tuvo que volver a aprender a moverse. Sus pasos no son firmes, no puede doblar completamente los pies y, en ocasiones, sus dedos se engarrotan, provocándole dolor incluso con el roce de la cobija.

Su madre explica que, durante los primeros días fuera del hospital, caminar era casi imposible. El ardor en las plantas de los pies y la debilidad en las piernas la obligaban a permanecer en reposo la mayor parte del tiempo, bajo vigilancia constante ante el riesgo de una caída o un desmayo.

El miedo sigue dentro de casa

Como parte de su recuperación, Valeria asiste a terapias físicas dos veces por semana, donde le realizan ejercicios y electroterapia para estimular sus músculos. Ahí, poco a poco, ha comenzado a recuperar movilidad.

“Le ponen electroterapia para que despierten sus músculos”, explica su madre.

El proceso no ha sido sencillo. Durante su hospitalización, Valeria pasó de pesar 63 a 55 kilos, una pérdida que debilitó aún más su cuerpo. A esto se suma el efecto de los medicamentos, que le provocaron la caída del cabello en distintas partes de la cabeza y molestias constantes en el estómago.

A pesar de ello, hay señales de avance. Algunos días, Valeria logra levantarse por sí sola, caminar distancias cortas dentro de su casa e incluso realizar actividades cotidianas sin ayuda, algo que hace apenas unas semanas parecía imposible.

Sin embargo, mientras Valeria avanza en su recuperación, el riesgo sigue presente fuera de su casa.

Foto: Jesús Molina

Hace apenas unos días, una adolescente —alumna de la misma secundaria a la que asistía Valeria— murió tras una picadura de garrapata. Aunque la familia no la conocía, la noticia impactó directamente en ellas.

“Yo no dejo de pensar en la niña, porque pudimos haber sido nosotros”, dice su madre.

Afuera, el peligro sigue vivo

Aún no se sabe con certeza si la picadura ocurrió dentro de las instalaciones, pero la secundaria se encuentra a diez minutos de la colonia en la que habita la familia de Valeria.

La colonia Ampliación Fronteriza es relativamente nueva; se ubica al norponiente de Ciudad Juárez y se caracteriza por estar construida en un terreno escarpado, con una evidente falta de pavimento.

Al caminar tres cuadras, se nota la presencia de caninos. En solo dos minutos de recorrido, los reporteros de Juárez Digital observaron cuatro perros que, a juzgar por su aspecto, no pertenecen a ningún hogar.

La madre de Valeria cuenta que, debido a la falta de atención a estos animales, la mayoría termina por morir, lo que la afecta directamente, ya que su hogar se encuentra justo enfrente de un acantilado repleto de basura.

FOTO: Jesús Molina

“Cuando los perros mueren, van y los avientan al barranco, y yo vivo enseguida. El foco de infección está ahí”.

Cuando los dos adolescentes estaban internados, la casa fue fumigada por la Dirección de Ecología. Sin embargo, la familia aún observa garrapatas de vez en cuando. Como medida preventiva, la madre optó por colocar cal en los bordes de la casa. Incluso realizó otra fumigación por su cuenta, pero aun así afirma que la presencia continúa.

“Mi hijo está obsesionado con ellas; dice que ni descansa por estar cuidándose de que no se le suban”.

Otra medida de prevención que tuvo que tomar fue encargar a su perro en casa de sus parientes, para garantizar un ambiente libre de propagación, aun cuando sabe que el verdadero problema radica en la tierra y en las casas alrededor de su hogar, que están llenas de material de construcción.

Mientras madre e hija recordaban todo lo que vivieron, Valeria le preguntó a su madre:

—Ma’, ¿qué hubieras hecho con mis cosas si yo no me hubiera salvado?

Su madre guarda silencio unos segundos antes de contestar. No sabe qué decirle.

La madre respondió:

—No me preguntes eso, porque sí pasó por mi mente.

Afuera, en la colonia Ampliación Fronteriza, las condiciones que propician la presencia de garrapatas siguen ahí: calles sin pavimento, animales en abandono y focos de infección que, hasta ahora, no han sido atendidos de forma permanente.

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