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La avenida de una ciudad que no terminó de construirse

Por Hugo Chávez | 4:12 pm abril 13, 2026

La Avenida De las Torres no está mal hecha. Está incompleta. Responde a una idea de ciudad que no se ha acabado de consolidar ni de construir, a un modelo que priorizó la velocidad y el flujo, pero dejó de lado lo esencial: la seguridad, la cercanía y la vida cotidiana de quienes la recorren todos los días.

La Avenida De las Torres es uno de los ejes vertebrales de la movilidad en Ciudad Juárez, una vialidad primaria que conecta el sur con el norte y permite que una gran cantidad de personas puedan trasladarse de manera rápida y efectiva a sus escuelas o lugares de trabajo.

A pesar de la conveniencia y la utilidad que representa, estudiosos de Planeación y Desarrollo Urbano de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez consideran que esa importante arteria adolece de varias fallas que, dicen, impactan no solo en un uso adecuado e idóneo de la vialidad, sino también en cuestiones de seguridad.

Diseñada para fluir, no para vivirse

El maestro del Instituto de Arquitectura, Diseño y Arte de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Gabriel García Moreno, explicó que la vialidad responde a una lógica muy clara: mover grandes volúmenes de personas.

“La Avenida De las Torres es uno de los ejes vertebrales de la ciudad. Es una de las vialidades primarias que conecta la parte sur de la ciudad con la parte norte de la ciudad y esta es una vialidad que conecta una serie de conjuntos habitacionales que se construyeron a finales de los 90. Si estoy en lo correcto, fue construida alrededor del 2003”, estableció.

Se trata de una vialidad de dos sentidos, con dos cuerpos de tres carriles más uno lateral cada uno, divididos por un camellón central.

“Es una vialidad pensada para flujos, para volúmenes muy altos. Está pensada para que por ahí pase mucha gente y desde que se planteó también trae contemplado transporte semimasivo como el BRT”, indicó.

Pero esa lógica arrastra un problema de origen.

“Es parte de la idea de otro tipo de ciudad, que no se ha acabado de consolidar ni de construir.”

En términos generales, explicó, se trata de una visión urbana donde se privilegia la velocidad sobre la seguridad.

“En las intersecciones hay mucha distancia entre una y otra, algo que también tiene que ver con esto de la ciudad moderna, en donde se piensa más en la velocidad y la eficiencia que en la seguridad y el confort, lo cual está relacionado con la siniestralidad que ahí se presenta en atropellos”, señaló.

La vialidad donde caminar es casi imposible

Aunque desde su diseño se contemplaron banquetas amplias, en la práctica la realidad es otra.

“Sin embargo, no todas las que tiene están en buen estado. Tiene muchas interrupciones y la distancia entre una y otra intersección es muy grande, lo que implica que si uno no va en auto, tendrá que hacer grandes recorridos. Tiene poca vegetación, hay contradicciones entre la visión, el diseño y la práctica”, explicó.

A lo largo de la avenida se concentran fraccionamientos de interés social, industria y comercio, lo que eleva la densidad de población y la necesidad de movilidad peatonal.

“Hay muchos jóvenes, tenemos industria. Esos usos mixtos implican que sí debería de tener más vitalidad”, apuntó.

Sin embargo, la avenida no fue pensada para eso.

“Entonces, no está planteada más allá del flujo. No está planteada para poder activar esas zonas alrededor”, dijo.

Entre semáforo y semáforo, los espacios se vuelven vacíos, difíciles de acceder incluso en automóvil.

“Si uno trata de recorrer esos espacios, es casi imposible porque no está pensado para eso”, señaló.

No se trata de errores: es el modelo

El problema, advierte el especialista, no es un fallo técnico aislado.

“No es que sean errores de diseño, que para eso se diseñaron. El error está en el planteamiento, en ignorar que la ciudad va más allá de los recorridos”, explicó.

Esa omisión tiene consecuencias visibles.

“De los errores que tiene, está la ausencia de banquetas, las grandes distancias entre una estación y otra, la dificultad de cruzar de un lado de la acera a la otra”, indicó.

En la práctica, las personas resuelven como pueden.

“Así vemos lo que pasa en Plaza Las Torres, que la gente se cruza a la mitad de la manzana. Es lo más práctico, aunque eso presente riesgos. El problema no es que la gente lo haga, sino que quienes lo diseñaron y lo administran no reconozcan que es una necesidad”, planteó.

Y ahí aparece la consecuencia más dura.

“Cuando mezclas la velocidad con el peso de muchos vehículos, vas a tener esos eventos. Es la consecuencia lógica”, dijo sobre los siniestros viales.

Lo que se puede corregir

El problema no es irreversible. “Sí se pueden corregir”, señaló el entrevitado, al referirse a la NOM 004 SEDATU 2023 y a la Ley General de Seguridad Vial, que plantean un cambio de enfoque.

“Que no vaya solo sobre la velocidad y la eficiencia, sino sobre la seguridad y la habitabilidad”, explicó.

Entre las acciones posibles están mejorar banquetas, introducir arbolado para definir bordes, reducir el ancho de carriles y crear cruces intermedios.

Algunas de estas medidas ya se aplicaron en corredores como Paseo Triunfo y Tecnológico con el BRT.

“Se trata de gestionar mejor las velocidades. La ley establece que la velocidad máxima dentro de las ciudades debe ser de 50 kilómetros por hora, pensando en la seguridad de las personas”, indicó.

También se busca reducir la gravedad de las consecuencias en caso de colisión.

Además, recordó que está contemplada una línea del BRT para esta vialidad.

Lo que está en juego

Más allá de las soluciones técnicas, el fondo del problema sigue siendo político.

“Esa sería parte de las estrategias que habría que implementar, más allá de campañas de cultura vial. No se revisa la infraestructura, no se revisa qué otras cosas se deben hacer y entonces sigue pasando”, advirtió.

La conclusión es clara.

“La Avenida De las Torres sí es funcional, sí es útil, pero esa funcionalidad es muy reducida. Está pensada para una cosa y lo hace bien, pero pudiera hacer muchas más cosas y beneficiar a más gente”, señaló.

Y cerró con el punto más contundente:

“Todo esto cuesta, pero yo creo que nos cuestan más las vidas humanas que se están perdiendo ahí. Es una cuestión de voluntad política”, sentenció.

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