
Sin un cambio en el viento, miles de niños en Juárez seguirán sin escuela
Foto: José Zamora
La falta de espacios, la precariedad familiar y la ausencia de políticas públicas los colocan en mayor riesgo de violencia, adicciones y exclusión.
Hugo Chávez
En Ciudad Juárez, miles de niñas, niños y adolescentes están creciendo fuera de la escuela. No por decisión, sino porque no hay lugar para ellos.
De acuerdo con organizaciones de la sociedad civil, cerca de 30 mil menores no lograron ingresar a kínder, primaria, secundaria ni preparatoria, una realidad que se arrastra desde hace más de una década y que hoy sigue sin resolverse.
Sin acceso a la educación y sin espacios de desarrollo, estos menores quedan expuestos a entornos marcados por la violencia, las adicciones y el abandono, en una ciudad que no ha logrado generar las condiciones mínimas para garantizar su derecho a una infancia digna.
La infancia y la primera etapa de la adolescencia son edades en las que esos menores siguen siendo responsabilidad del Estado, el cual, por mandato constitucional, debe garantizarles la protección y el acceso a derechos tan básicos como la educación; sin embargo, en la práctica, esa obligación no está alcanzando, y son las organizaciones de la sociedad civil las que, en los hechos, han tenido que asumir una parte de esa tarea frente a una condición de exclusión inédita en la ciudad.
Se trata de una problemática que, de acuerdo con quienes trabajan en campo, no es nueva, sino que se ha mantenido al menos desde los años de mayor violencia en Juárez, entre 2008 y 2012, y que no ha sido atendida de fondo, mientras la ciudad sigue creciendo sin resolver las condiciones básicas para su propia infancia.
A ese panorama se suman las consecuencias, porque al carecer de una ruta educativa y de espacios de desarrollo, estos menores quedan expuestos a entornos donde las adicciones, la delincuencia, los abusos sexuales y la violencia familiar forman parte de su vida cotidiana.

Sin escuela y sin espacios
La socióloga Teresa Almada, de la asociación civil Casa Promoción Juvenil, advierte que la crisis no solo persiste, sino que se ha profundizado en los últimos años, luego de que hace dos o tres años miles de menores —principalmente del suroriente, pero también del norponiente— se quedaran sin un lugar en kínder, primaria y secundaria, una situación que continúa a la fecha y que sigue afectando a cerca de 30 mil niñas, niños y adolescentes.
Explica que la ciudad enfrenta una combinación de factores que han ido deteriorando las condiciones para la infancia, entre ellos la precarización de la vida, el empobrecimiento cultural, la violencia, el consumo de drogas y la inestabilidad familiar.
“En general tenemos una ciudad muy hostil y poco amigable con sus niños y niñas, por la condición de las familias, por la precarización de la vida, por el empobrecimiento cultural que se ha venido dando y por toda la violencia, el consumo de drogas y la inestabilidad de las familias”, advierte.
Sin condiciones y con riesgos crecientes
A ello se suma el desgaste cotidiano de las familias, marcado por largas jornadas de trabajo, horas extras, traslados complejos y condiciones que dificultan el acompañamiento de los menores, en una ciudad que además carece de la infraestructura educativa suficiente.
Programas como las escuelas de tiempo completo, que avanzaron entre 2011 y 2013, fueron eliminados, y en su lugar han quedado medidas parciales que no logran responder a la magnitud del problema.
“Juárez en general carece de los espacios necesarios… en partes como el suroriente tenemos que cada año miles de niños, niñas y adolescentes se están quedando sin kínder, primaria, secundaria y hasta preparatoria porque no alcanzan cupo”, explica.
Aunque se han implementado acciones como la instalación de aulas móviles o la reubicación de planteles, estas no han sido suficientes para cubrir la demanda.
La exclusión educativa no se queda en el ámbito académico, sino que tiene efectos directos en la vida de los menores, quienes, al no contar con espacios escolares ni redes de contención, pasan más tiempo en entornos donde la violencia, el consumo de sustancias y los abusos son una constante.

En ese contexto, persisten casos de niñas y niños que nunca han asistido a la escuela, lo que evidencia una falla estructural que se ha ido normalizando.
“La verdad es que tenemos una gran cantidad de niños de 10, 12, 13 años que nunca fueron a la primaria y esto los está colocando en una condición de exclusión inédita en nuestra ciudad”, expone.
A esto se suma otro problema: miles de niñas y niños que no están registrados oficialmente y que, en los hechos, no existen para el sistema, lo que limita aún más su acceso a derechos y servicios, una situación que también afecta a población migrante e indígena.
La ciudad que llega tarde
En medio de este panorama, las respuestas institucionales han sido insuficientes frente a la magnitud del problema, mientras organizaciones civiles intentan contener una realidad que las rebasa.
El asesinato de Eithan Daniel, que conmocionó a la ciudad, evidenció hasta dónde pueden escalar los contextos de violencia y abandono cuando no hay intervención oportuna.
“Esta tragedia que conmovió a la sociedad, el asesinato de Eithan Daniel, fue lo último, una historia de maltrato… hay muchísima violencia en las familias y no hay la capacidad suficiente para rescatarlos”, advierte Almada.
Para especialistas, la solución pasa por una intervención integral que incluya el fortalecimiento de las familias, la generación de espacios comunitarios de cuidado, la participación social y la construcción de políticas públicas que realmente coloquen a la infancia como una prioridad.

Se trata de atender las causas de fondo en una ciudad que no ha logrado prepararse para sus propios niños y que, de no hacerlo, seguirá reproduciendo las mismas condiciones en nuevas generaciones.
“Yo creo que si no queremos seguir lamentando tragedias hacia nuestras niñas y niños como estas que hemos visto en estas últimas semanas, entonces, como dijo aquel guardabosques, se necesita un cambio en el viento; si no, el incendio sigue avanzando. Ese cambio en el viento implica una acción articulada de la sociedad, de los tres niveles de gobierno en favor de la infancia a través de programas y acciones efectivos y que vayan a la raíz del problema”, concluyó.

