
Escribir su nombre para sanar: la apuesta contra el bullying en Juárez
Grafólogos trabajan con estudiantes para fortalecer autoestima y empatía como forma de prevenir la violencia escolar, en una ciudad donde 2 de cada 10 alumnos sufren acoso
En Ciudad Juárez, combatir el bullying no solo pasa por castigos o reportes escolares. Hay quienes están apostando por algo más simple… y, al mismo tiempo, más profundo: que los niños aprendan a escribir su nombre.
Bajo la idea de que “mi nombre dice quién soy”, grafólogos trabajan con estudiantes y padres de familia en una estrategia poco convencional que busca reforzar la autoestima y la empatía desde la identidad personal. A través de ejercicios de escritura, los menores no solo corrigen trazos, sino que —aseguran— comienzan a reconocerse, a valorarse y a relacionarse mejor con los demás.
La propuesta se plantea como una especie de terapia disfrazada de capacitación: aprender a escribir correctamente el nombre y los apellidos como una vía para fortalecer la identidad y, con ello, modificar conductas. Para quienes la impulsan, este ejercicio sencillo puede impactar en la manera en que los menores se perciben y se vinculan con otros.

Pero el contexto en el que se intenta intervenir es complejo.
De acuerdo con psicólogos del Grupo 16 de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM), en Ciudad Juárez 2 de cada 10 estudiantes de primaria y secundaria sufren algún tipo de bullying, una forma de agresión que tiene como objetivo someter, dominar o burlarse de otra persona, casi siempre frente a espectadores.
Una violencia que se aprende
José Luis Martínez, psicólogo de la Dirección de Prevención Social, explica que el bullying no es un hecho aislado ni espontáneo, sino una conducta que suele tener origen en el entorno familiar.
“El bullying es una agresión intencionada que generan, por lo regular, niños y niñas hacia otras personas. Puede ser psicológica, verbal o física, y causa daños intencionados”, señaló.
En este fenómeno intervienen distintos actores: la víctima, el agresor y el espectador, que puede ser otro alumno, pero también adultos como maestros o padres de familia.

“Los niños que tienden a generarlo tienen carencias emocionales que no les han permitido desarrollar empatía. Por lo regular, el niño que agrede vive violencia en casa, ya sea física o verbal, y la replica en la escuela”, explicó.
A esto se suma un estilo de crianza que limita el desarrollo emocional.
“No les permiten desarrollar empatía. Son entornos donde hay burlas, donde se minimizan los logros. Así no se construye autoestima, y eso termina reflejándose en la forma en que se relacionan con otros”, agregó.
En ese sentido, prácticas como la grafología buscan intervenir justamente en ese punto: en la construcción de identidad y autoestima que, cuando es débil, puede derivar en agresión o en vulnerabilidad.
El problema en las aulas
Desde la Dirección de Prevención Social se imparten diariamente pláticas en escuelas de la ciudad, donde se detectan casos de bullying que no siempre llegan a denunciarse formalmente.
“Es un problema serio al que no se le ha dado la importancia necesaria. Muchas veces hay silencio de los niños, y eso hace que el problema crezca”, advirtió Martínez.

En algunos casos, los propios estudiantes se acercan de manera discreta para señalar que están siendo agredidos o que conocen a alguien que lo está siendo.
“A final de cuentas, en un análisis más crudo, podemos decir que de cada 10 niños en Juárez, 2 sufren bullying”, señaló.
Estas intervenciones buscan no solo sensibilizar a los estudiantes, sino también involucrar a los padres, considerados una pieza clave en la prevención.
Donde más se siente
El problema se vuelve más visible en zonas con alta densidad escolar, como el suroriente de la ciudad.
“Tenemos una población estudiantil muy alta en esa zona, y entre más alumnos haya, mayor probabilidad de que surjan este tipo de problemáticas”, explicó el psicólogo.
A esto se suman condiciones sociales más complejas.
“No se transmiten valores, no se desarrollan principios como la empatía, y es ahí donde surge la necesidad de dominar o controlar. Todo viene del núcleo familiar”, afirmó.

En estos contextos, los menores que enfrentan baja autoestima tienden a expresar sus frustraciones a través de la agresividad.
Prevenir desde la raíz
Aunque el panorama es complicado, tanto autoridades como organizaciones civiles coinciden en que las soluciones deben ser integrales.
“La verdad es que todo suma. No solo se tiene que atender la parte emocional o psicológica, sino también lo familiar”, señaló Martínez.
Advirtió que, de no atenderse, estas conductas pueden escalar.
“Cuando las conductas escalan, pasan tragedias. Por eso es importante sensibilizar a padres, maestros y alumnos sobre la importancia de erradicar el bullying”, dijo.
Por su parte, Salvador Díaz Cortez, presidente de la Asociación Municipal de Padres de Familia, reconoció que el problema va en aumento en las más de 620 escuelas afiliadas.

“Sabemos que estas situaciones se presentan y vamos a hacer algo al respecto. También es importante trabajar en el manejo de las emociones”, comentó.
Y es ahí donde vuelve a tomar sentido la apuesta de la grafología.
Porque en medio de estadísticas, diagnósticos y programas institucionales, hay quienes creen que el cambio puede empezar por algo tan básico como un nombre.
Uno bien escrito, bien entendido.
Uno que, quizá, ayude a que un niño deje de lastimar… o de ser lastimado.

