El organillo: un instrumento lleno de historia y tradición para la cultura mexicana
Foto: Adrián González
Estos aparatos llegaron desde Alemania antes de la independencia de México y se adaptaron a las canciones mexicanas, convirtiéndose en un Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México
El organillo, es un instrumento de origen alemán que funciona con un rodillo de madera que tiene puntas de metal o bronce que operan como una partitura grabada, este tiene un mecanismo que permite ser tocado a través de una manivela instalada en la caja de madera que lo recubre, y que al ser girada emite su sonido característico con una canción.
Rafael Flores González es un organillero originario de Oaxaca, él en su juventud se mudó a la Ciudad de México y dice que, al conectar con esta pequeña caja musical, se enamoró por completo gracias a su padrino, quien le mostró por primera vez el mecanismo y sonido de la caja.
Desde hace ocho años, Rafael se ha encargado de continuar con el legado de su padrino, integrándose a la unión de organilleros y llevando esta pequeña caja musical a diferentes partes de la república, siendo este mes de septiembre el elegido para traer este instrumento a la frontera.



El aparato, cuenta con ocho melodías entre las que destacan: Las Mañanitas, La Llorona, México Lindo y Querido, La Novia Azul, Así Fue, Cuando Nadie Te Quiere, Volver Volver y Cartas Marcadas.
La caja tiene una historia de más de 200 años, según mencionó el organillero, estos aparatos llegaron desde Alemania antes de la independencia de México y con el paso del tiempo se adaptaron a las canciones mexicanas, convirtiéndose en un Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México desde el pasado 22 de mayo.
Los organillos van acompañados de un pequeño changuito de peluche; en el pasado solía ser un mono real amaestrado para atraer gente y recolectar dinero, sin embargo, con los cambios a las leyes de protección animal, fue imposible continuar con dicha tradición, el pequeño que acompaña a Rafael se llama “Jorge”.
En manos de organilleros como Rafael, esta antigua caja musical no solo interpreta canciones, sino que también cuenta una parte de la historia y cultura del país, llevando sus melodías a nuevos públicos y manteniendo vivo un oficio que se niega a desaparecer.

