“Tiene que pasar una desgracia para que puedan arreglar las cosas”: afectados por lluvias
Foto: Jesús Molina
"Antes las lluvias fuertes no habían provocado algo semejante, ayer bajaba como un río, pasaba fuerte, fuerte el agua" narraron los afectados
El agua ya no corre como río por la calle Alfredo Orta, en las Parcelas del Ejido Zaragoza, pero dejó las huellas de lo que hizo. Hay postes de luz tirados sobre el suelo, llantas que quedaron enterradas y camiones de transporte de personal hundidos entre la tierra, frente a las casas, vecinos caminan despacio para mirar los daños, mientras niños con huaraches avanzan junto a sus padres y sus perros para ver hasta dónde llegó el agua, en algunos puntos, las familias cargan hieleras porque la luz y el agua potable todavía no regresan.
María mira hacia el otro lado del arroyo, allá está su casa; ella permanece con una de sus hijas en esta parte, durante la lluvia no podía cruzar, pues el agua se metió al patio de su vivienda y alcanzó algunas cosas que apenas pudieron sacar sus hijos. En la casa de su sobrina la situación fue peor: el agua entró hasta donde estaba la ropa y tuvieron que salir con su madre mientras el nivel seguía subiendo.
—Nunca nos había pasado esto —cuenta María.
Antes, dice, el agua apenas corría por una pequeña zanja, era un hoyo por donde buscaba su camino cuando llovía; esta vez la calle completa se convirtió en un cauce. Los vecinos atribuyen parte de la fuerza del agua al desbordamiento de un dique ubicado en la parte alta, por el sector de la avenida Puerta de Palos, desde ahí, cuentan, bajó el agua que terminó atravesando la zona y abrió el enorme deslave sobre Alfredo Orta.



En medio del hueco quedó un árbol que ahora funciona como un puente improvisado hacia una vivienda situada prácticamente en la orilla. La casa parece sostenerse de una sola pared de block. Abajo, entre tierra y agua, quedaron expuestas tuberías de la red de agua potable.
Personal de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) trabaja junto con empleados del Municipio para atender la zona; Mientras la gente de la JMAS busca reparar las tuberías dañadas, camiones municipales llevan tierra para comenzar a rellenar el deslave. Los trabajos ocurren alrededor de lo que dejó la corriente: vehículos atrapados, montones de lodo y calles que todavía no recuperan su forma.
Juan Carlos, quien lleva alrededor de 20 años viviendo en el sector, recuerda que antes las lluvias fuertes no habían provocado algo semejante. Ayer se asomó cuando el agua comenzó a bajar con fuerza. Eran alrededor de las dos de la tarde cuando, dice, la calle Alfredo Orta dejó de parecer una calle y comenzó a comportarse como un río.
—Bajaba como un río, la verdad pasaba fuerte, fuerte el agua —recuerda.




Ahora los vecinos buscan salidas para llegar al trabajo y moverse por la zona, quienes conocen las calles intentan encontrar caminos alternos para evitar los puntos destruidos, otros permanecen afuera de sus casas observando cómo trabajadores y maquinaria intentan devolverle forma al lugar, Juan Carlos pide que las autoridades no se olviden de la comunidad y atiendan las afectaciones que, asegura, ya habían sido reportadas.
Otro de los afectados que habló con Juárez Digital reprochó que “tienen que pasar una desgracia para que puedan hacer las cosas”.
María, mientras tanto, agradece que su familia y sus perros estén bien. Lo demás puede recuperarse, dice. Las pertenencias, la ropa y los muebles se pueden reponer. La casa puede repararse. Lo que importa es que nadie haya perdido la vida. Y mientras el agua se retira y las máquinas comienzan a rellenar la tierra que se llevó la corriente, los vecinos siguen caminando por Alfredo Orta, en las Parcelas del Ejido Zaragoza, para contar lo que quedó.

