Reyes Alonso López: del lodo y los juguetes a formar artistas para la ciudad
Foto: Adrián González
Su verdadera inquietud estaba en crear sin limitarse a una sola disciplina: dibujo, pintura, cerámica, alambre y escultura se convirtieron en distintas formas de expresar lo que llevaba dentro
Desde niño, Reyes Alonso López Soto encontró en sus manos una manera de transformar su imaginación en objetos.
No necesitaba grandes materiales ni instrucciones: tomaba lodo, herramientas, madera o cualquier juguete que tuviera cerca y comenzaba a modificarlo para convertirlo en algo distinto.
Originario de Ciudad Juárez, recuerda que desde pequeño disfrutaba hacer figuras de barro y construir sus propios juguetes, incluso, cuando le pedía a su padre que le fabricara un avión de madera, más que recibirlo ya terminado, lo que realmente quería era observar el proceso para después intentar hacerlo por su cuenta.
Esa curiosidad comenzó a tomar forma durante la secundaria y, posteriormente, en la preparatoria, cuando el dibujo se convirtió en una actividad que realizaba simplemente por gusto.
Reyes improvisaba, experimentaba y hasta sus compañeros comenzaron a pedirle que les realizara dibujos en los brazos, sin embargo, el camino hacia el arte profesional no estaba trazado desde el principio.
De manera inesperada terminó entrando al mundo del tatuaje, después de que integrantes de un colectivo lo invitaran a formar parte del grupo al conocer su habilidad para dibujar.
Y aunque aquella experiencia lo acercó todavía más a las artes visuales, con el tiempo descubrió que su verdadera inquietud estaba en crear sin limitarse a una sola disciplina: dibujo, pintura, cerámica, alambre y escultura se convirtieron en distintas formas de expresar lo que llevaba dentro.
Para Reyes, crear también significa enfrentarse a sus propias emociones, durante mucho tiempo evitó plasmar sentimientos demasiado personales por temor a que sus obras permitieran que otras personas lo conocieran realmente, sin embargo, recientemente decidió recuperar esa parte de sí mismo y volvió a crear una pieza por el simple deseo de hacerlo.
Fue así como, durante una madrugada, comenzó a trabajar en una escultura de un torso, más que una obra pensada para exhibirse o cumplir con algún encargo, representó para él la posibilidad de volver a crear desde la pasión y no solamente desde la obligación.
Actualmente, Reyes lleva cerca de dos años impartiendo clases de manera formal en la Academia Municipal de Arte, donde trabaja con niños, adolescentes y adultos, y aunque enseñar comenzó como una nueva etapa profesional, terminó convirtiéndose también en una fuente de inspiración.
Especialmente con sus alumnos más jóvenes, encuentra una motivación para continuar, ver el talento que algunos de ellos poseen le hace pensar en cuánto pueden crecer si cuentan con las herramientas y el acompañamiento adecuado.
Para Reyes, incluso después de haber considerado en algún momento abandonar el camino artístico, el avance de sus estudiantes se ha convertido en una razón para seguir.
Su propia experiencia también le permitió entender la responsabilidad que implica ser llamado “maestro”.
En sus primeros talleres llegó a sentir que no estaba preparado para recibir ese título, lo que incluso lo llevó a autosabotearse, sin embargo, aquella inseguridad terminó impulsándolo a estudiar, practicar y prepararse hasta sentirse capaz de asumir el papel de docente.
Ver cómo hoy en día sus alumnos mejoran, entienden las técnicas y reconocen su propio avance le genera una satisfacción que va más allá de enseñar una disciplina artística, en sus palabras, quizá su propósito no sea necesariamente convertirse en un gran artista, sino “hacer a personas grandes”.

