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José Adán: 32 años dando forma a las lápidas del panteón San Rafael

Por Adrian Gonzalez | 8:08 pm noviembre 2, 2026

Foto: Adrián González

Dedicarse a este oficio no ha sido sencillo, pues las jornadas representan un importante desgaste físico, son horas de permanecer agachado y realizar movimientos que requieren fuerza y precisión

A unos pasos de las puertas del Panteón San Rafael, se encuentra José Adán Montellano, un hombre de 40 años que desde los ocho aprendió a trabajar el cemento y el granito para fabricar lápidas, un oficio que heredó de su padre y que, con el paso del tiempo, se convirtió en el sustento de su familia y en una parte fundamental de su vida.

Con apenas ocho años comenzó a acompañar a su padre en esta labor, sin imaginar que aquel aprendizaje de la infancia terminaría por convertirse en una actividad a la que dedicaría más de tres décadas, pues detrás de cada lápida existe un proceso que requiere paciencia, esfuerzo y habilidad, desde el armado y el empastado hasta el vaciado, levantamiento, pulido y acabado final, un trabajo que puede tomar alrededor de una semana para terminar.

Pero dedicarse a este oficio no ha sido sencillo, pues las jornadas representan un importante desgaste físico, especialmente por las horas que permanece agachado y realiza movimientos que requieren fuerza y precisión, pese a ello, José Adán ha encontrado gusto en su trabajo y mantiene su actividad de lunes a domingo, de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde, sin importar si hace frío, llueve o incluso nieva, porque detrás de cada jornada existe una responsabilidad mayor, sacar adelante a su familia.

En estos 32 años también ha sido testigo de distintas situaciones que rodean al panteón, como el robo y los daños a las lápidas, algo que afecta tanto a los familiares que realizan un esfuerzo económico para adquirirlas como a quienes se dedican a fabricarlas, pues cada pieza representa días de trabajo y dedicación; de la demanda dijo suele ser variable, ya que algunas semanas logra vender una lápida y en otras puede concretar hasta tres trabajos.

Recuerda que en la pandemia las restricciones y el cierre de los panteones provocaron una importante disminución en sus ventas, obligándolo a buscar alternativas para mantener sus ingresos, como la comercialización de flores, pues aunque su oficio se relaciona con uno de los momentos más difíciles para las familias, para él representa una herencia, una forma de vida y, sobre todo, la oportunidad de seguir adelante.

De esta manera, con el trabajo arduo que invierte día a día para otorgar una lápida en condiciones que resguarden el descanso eterno de los fieles difuntos de los juarenses, logra sacar adelante un negocio heredado por su padre que le ha permitido darle unas mejores condiciones de vida a su familia y continuar con el arte de adornar las tumbas del Panteón San Rafael.

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