La historia de Fu Qiang, el restaurante que una familia china construyó en Juárez
Foto: Jesús Molina
Después de más de 15 años en Juárez, el restaurante Fu Qiang atraviesa semanas de pocas ventas. Raúl busca recuperar la clientela mientras comparte la historia de su familia y los sabores de China que prepara su madre.
Hace más de 15 años, una pareja llegó de China a Ciudad Juárez en busca de oportunidades.
Antes de tener su propio restaurante, trabajaron en maquiladoras y ayudaron en las cocinas de otros establecimientos de comida china.
Con los ahorros de aquellos años consiguieron un local donde comenzaron a preparar sus propios platillos, hoy el negocio sigue en manos de la familia y tiene en Luwa, su sazón y la atención a los clientes una historia que se ha construido entre dos culturas.
Raúl Yukan Shaoeng, de 19 años, nació en esta frontera y prácticamente creció entre las mesas y los guisos del restaurante.
Es el único mexicano de su familia, aunque aprendió a hablar chino gracias a sus padres y conserva un vínculo con las costumbres de sus antepasados.
Su nombre también guarda una historia de agradecimiento: cuando sus padres llegaron a Juárez, una vecina los ayudó con los trámites para establecerse en la ciudad.
Raúl recibió el nombre del hijo de aquella mujer, quien fue parte de la red de apoyo que encontraron al comenzar una nueva vida.

El restaurante fue el proyecto que permitió a sus padres dejar de trabajar para otros y construir algo propio, el restaurante Fu Qiang se encuentra en Plaza Oasis, entre el bulevar Óscar Flores y el bulevar Zaragoza, donde reciben a quienes quieran conocer su cocina y su historia.
Sin embargo, detrás de los años de actividad también hay una historia familiar marcada por la ausencia de su padre, quien falleció cuando Raúl tenía alrededor de siete años.
Desde entonces, su madre ha mantenido el negocio y continúa al frente de la cocina; entre semana trabaja sola; los fines de semana y durante las vacaciones, Raúl se incorpora para ayudarla. Su hermano, por su parte, trabaja en una maquiladora.
Esa dinámica familiar también explica por qué han preferido no contratar personal externo.
La intención es conservar un negocio atendido por sus propios integrantes, tanto por cuestiones económicas como por el interés de mantener el sazón de la comida.



Raúl considera que cada cocinero tiene una manera particular de preparar los alimentos y que buena parte de los clientes que regresan lo hacen precisamente porque reconocen el sabor de los guisos de su madre.
Hay quienes, incluso, vuelven al establecimiento porque ya conocen lo que encontrarán en sus platos.
La carta reúne preparaciones que se han adaptado al gusto de los comensales de esta frontera, como pollo a la naranja, brócoli con res, fajitas de pollo, pollo a la plancha, costillas de cerdo y pollo General.


También ofrecen guisos con calabaza y carne de res, además de algunas opciones que acercan a los clientes a la cocina de su país de origen: dumplings y panecillos rellenos de carne de cerdo, hongos, cebolla y especias.
Raúl explica que buena parte de la comida que se consume en China es más sencilla, con arroz, verduras y alguna proteína, por lo que los platillos del restaurante incorporan sabores y preparaciones pensados para el paladar mexicano.
Los paquetes incluyen arroz o espagueti y una selección de guisados; también existe la posibilidad de agregar camarones preparados.
Aunque la comida es el punto de encuentro, Raúl considera que el restaurante también ha servido para acercar a los juarenses a una cultura que despierta curiosidad.
Cuenta que los clientes suelen preguntarles de dónde vienen, cómo se dicen ciertas palabras en chino o cómo es la vida en aquel país.
Asegura que su familia ha recibido un trato amable y que no han experimentado discriminación, sino interés por conocer sus costumbres.

Esa convivencia cobra un significado especial durante fechas como el Día de Muertos, pues explica que en la cultura china también existe una fuerte tradición de recordar a los familiares y antepasados que ya fallecieron.
En las últimas semanas, sin embargo, el movimiento del restaurante ha disminuido.
Raúl cuenta que hubo días en los que apenas vendían un platillo, una situación que lo llevó a buscar espacios para dar a conocer el negocio y recuperar parte de la clientela que durante años los ha acompañado.
Por eso, su invitación va más allá de probar alguno de los guisos: quiere que quienes lleguen también se permitan preguntar, conocer y acercarse a una cultura distinta.
Del otro lado del mostrador estará su madre, Luwa, quien ha pasado buena parte de su vida en esta cocina.

