
En Juárez no hay sombra… y este hombre decidió sembrarla
Un ingeniero agrónomo siembra árboles nativos en Juárez para demostrar que sí es posible tener sombra en el desierto
Jesús Molina
En Juárez hay gente que espera el camión bajo un poste… porque no hay árboles.
Mientras eso pasa, un ingeniero agrónomo cultiva sombra desde el patio de su casa: reproduce huizaches, mezquites y palo verde para demostrar que los árboles del desierto sí pueden cambiar la ciudad.

Foto: Jesús Molina
Luis Manuel Monsaga llegó a Ciudad Juárez desde la Comarca Lagunera hace 37 años en busca de trabajo. Con el tiempo, su interés por los árboles lo llevó a cuestionar la forma en que la ciudad planta y cuida su vegetación.
Al llegar a Ciudad Juárez, su amor por las plantas lo condujo al área maquiladora, conocida por sus parques industriales, donde Luis decidió aplicar su conocimiento. Sin embargo, al caminar por las calles notó que muchos de los árboles plantados no pertenecían a la región. La preocupación lo llevó a comenzar a reproducir sus propios árboles en el patio de su casa.
Al inicio los regalaba a la gente que necesitaba una “sombrita”, pero con el paso de los años se dio cuenta de que su pasión por los árboles, heredada de sus padres, podía generarle ingresos.
“Desde pequeño me nació cuidar los árboles del jardín de mi mamá y mi papá, allá en la Comarca Lagunera”.
Árboles que sí son de aquí
La inquietud por plantar árboles nativos creció y empezó a sembrar más. Al principio eran dos o tres, pero ahora produce en mayor cantidad y se dedica a plantarlos por toda la ciudad mediante pedidos vía redes sociales o por teléfono.
“Que no haya pretextos para no tener un árbol nativo de la región, nacido aquí, que se desarrolla muy rápido y que crece con la resistencia del clima muy especial de Juaritos”.

Gráfico: Kevin Luna
Huizache (Acacia farnesiana), palo verde (Parkinsonia aculeata) y mezquite (Prosopis glandulosa) son las especies que Luis reproduce y comercializa. Su principal característica es que son nativas, lo que significa que requieren poca agua para sobrevivir.
“Una cubeta de agua por semana y dan mucha cobertura de follaje, mucha sombra”.
Ciudad Juárez se encuentra en el norte del estado de Chihuahua, en la frontera con Texas, lo que implica una vegetación de tipo desértico.
El problema: árboles que no sobreviven
Gran parte de los árboles plantados en la ciudad —lilas, olmos, moros, palmeras o pinos— provienen de otras regiones. Son especies que pueden portar hongos, bacterias y plagas que introducen enfermedades para las que la flora local no tiene defensas, lo que termina por debilitarlos o impedir su crecimiento.
“Casi todo lo que llega a Juárez es del sur y, cuando llegan, no soportan las plagas y por eso mueren”.
Además, las raíces de algunos de estos árboles se introducen en las viviendas, lo que puede dañar tuberías. Esa es otra razón por la que las lilas y, sobre todo, los olmos no deben plantarse cerca de redes de agua o piscinas.

Foto: Jesús Molina
Aunado a esto, la falta de educación ecológica ha impedido un desarrollo verde. Para Luis, esa desconexión con los árboles es evidente.
“Hay gente que pasa por su casa y no observa sus árboles. Conozco gente que llega y hasta los abraza, pero hay gente que no los disfruta”.
Menos agua, más sombra
Para él, los problemas personales han profundizado esa desconexión con la naturaleza. Sin embargo, considera que puede empezar a revertirse con la plantación de árboles nativos.
La adaptación de estas especies a las condiciones ambientales es clave: basta con regarlas una vez por semana. Esa agua se almacena y se aprovecha al máximo, lo que implica menor mantenimiento y menor consumo.
“Me interesa la difusión social. Independientemente de que alguien compre mis árboles, me interesa dar a conocer estas especies nacidas en la ciudad. Generan buena sombra, que es lo que todos queremos”.
Luis recomienda plantar en marzo para obtener mejores resultados, ya que el cambio climático ha alterado los ciclos naturales este año. Muchos árboles en la ciudad no mudaron hojas debido a la ausencia de frío.

Foto: Jesús Molina
“Este invierno pasado fue cálido, no tuvo los días fríos promedio”, explicó Vázquez.
Durante el invierno, muchos árboles pierden sus hojas y entran en dormancia, un proceso en el que reducen su actividad para sobrevivir al frío.
Cabe aclarar que no todos los árboles pasan por este proceso, solo los caducifolios. Los perennifolios mantienen su follaje durante todo el año.
El cambio climático representa un reto. Si las condiciones se vuelven más extremas, las especies del desierto serán las que mejor resistan. Como los mezquites de Luis, que desarrollan espinas que funcionan como hojas modificadas y reducen la pérdida de humedad.
Frente al calor, la escasez de agua y los cambios en el clima, Luis continúa sembrando árboles en patios, banquetas y camellones de la ciudad. Incluso ofrece a sus clientes la posibilidad de romper banquetas para plantarlos.

En una ciudad donde la sombra escasea, Luis decidió sembrarla.
Y no piensa detenerse.“Yo creo que voy a seguir haciendo esto hasta que me muera”, sentencia

