
A 34 semanas de embarazo, Laura sigue peleando por un asiento
En camiones llenos y sin garantías, su embarazo se vuelve una lucha diaria: pedir un asiento, soportar miradas y decidir, al final, dejar el transporte público.
Una rutina que se vuelve riesgo. Con 34 semanas de embarazo, Laura se sube al camión sabiendo que probablemente tendrá que ir de pie. No es una excepción: es parte de una rutina diaria en un sistema de transporte que no considera su condición.
Su rutina comienza por la mañana, cuando despierta y camina desde el monumento a Benito Juárez hasta la calle 16 de Septiembre para tomar el transporte público. Al entrar, sabe que los camiones van llenos, pero el tiempo que hace para llegar a la escuela es menor comparado con el que haría si utilizara su automóvil propio.
El problema para ella no es la multitud de pasajeros; a eso ya se acostumbró. El inconveniente es que, debido a su condición, el doctor le ha recomendado no permanecer durante mucho tiempo de pie. Es por eso que, a veces, solicita el asiento designado para mujeres embarazadas, adultos mayores y personas con discapacidad.
Sin embargo, al pedir esos asientos, en muchas ocasiones le han negado el lugar; en otras se lo ceden, pero con enojo. Así lo cuenta Laura, un nombre ficticio para una estudiante, empleada y próxima madre de una niña.

FOTO: Jesús Molina
Cuatro camiones y una jornada fragmentada
Su rutina es cambiante. Cuando tiene que acudir al doctor para análisis, lo hace por la mañana. Ese es el primer autobús. El segundo lo emplea para ir a la escuela y el tercero lo toma para asistir al trabajo. Cuando la jornada laboral termina, usa el cuarto y último camión. Después, camina dos cuadras para llegar a su hogar.
“Mi trabajo está en San Lorenzo, entonces de IADA a San Lorenzo son distancias muy cortas”, explica.
Para Laura, el Juárez Bus es una opción viable porque los tiempos de traslado son menores en comparación con el automóvil o algún servicio de transporte privado. Además de ahorrar tiempo, también ahorra dinero.
“Cuando yo estuve usando el transporte, a mi trabajo yo hacía 20 minutos y en Uber ahora hago 40 o 45 minutos”.
Laura empezó a alternar entre el uso del automóvil propio y las aplicaciones de viaje porque la situación dentro de los camiones se empezó a complicar. Ella recuerda, con mucha vergüenza, una ocasión en la que tuvo que pedir el asiento porque, por recomendación del doctor, no debe durar mucho tiempo de pie.

FOTO: Jesús Molina
“No era una persona mayor, era un joven. Le dije: ‘Disculpa, ¿me podrías dar el lugar?’ y luego se me quedó viendo y al lado iba su mamá. Los dos me miraron feo y me ignoraron. Entonces mejor me esperé porque ya casi llegaba”.
En su voz se puede notar la desesperación que le causa tener que pasar por situaciones tan incómodas. Situaciones que, asegura, viven muchas mujeres que ya son madres.
“Sí he visto a mamás que van con su bebé, luego llevan a un niñito de la mano y luego llevan la pañalera. Traer todas esas cosas no te deja estar a la defensiva si algo sucede”, menciona.
El nacimiento de su hija está previsto para la primera semana de mayo. Cuando se le preguntó si optará en algún momento por usar de nueva cuenta el servicio de transporte público, la respuesta fue un rotundo no.

Gráfico: Atlas de Movilidad Urbana, UACJ.
Una ciudad pensada sin ellas
Brenda Isela Ceniceros Ortiz, profesora investigadora de la UACJ, afirma que casi todas las ciudades están planeadas o diseñadas para hombres, entre ellas Ciudad Juárez.
“La ciudad es un artefacto inventado por el hombre en la Revolución Industrial. Ese invento propone entes de producción que en ese entonces eran los hombres”.
La incorporación de las mujeres al mercado laboral tuvo su auge durante la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, mientras la cultura ha cambiado, las ciudades se han quedado rezagadas en un modelo de movilidad que prioriza el traslado hacia las zonas económicas, pero desde una lógica masculina, no desde la de las mujeres que ya forman parte del sistema económico de la ciudad.
“La mujer, aparte de los cuidados y el hogar, ya es un ente productivo y entonces la ciudad no ha atendido esta actualización”.
Este modelo responde a trayectos lineales, pero resulta insuficiente en casos como el de Laura, quien debe realizar múltiples viajes para cubrir su jornada diaria.
Según el Atlas de Movilidad Cotidiana en Ciudad Juárez, entre semana, más del 35 por ciento de los viajes en camión están relacionados con el trabajo, lo que confirma que el sistema de transporte público está diseñado principalmente para cubrir trayectos laborales. Sin embargo, otros motivos como compras, cuidados o trámites se distribuyen en porcentajes mucho menores y fragmentados entre distintos medios de transporte.

Gráfico: Atlas de Movilidad Urbana, UACJ.
Por ejemplo, los traslados para llevar o recoger a alguien o realizar compras apenas rondan entre el 5 por ciento y el 15 por ciento, dependiendo del medio, lo que evidencia que estas actividades —más frecuentes en mujeres— no están concentradas ni facilitadas por una sola red eficiente. En contraste, el automóvil o las plataformas digitales presentan una distribución más flexible, pero no accesible para toda la población.
Una deuda que afecta a toda la ciudad
En ese sentido, diseñar el transporte pensando en las múltiples necesidades de las mujeres no solo atendería una deuda histórica, sino que obligaría a construir un sistema más eficiente, accesible y funcional para toda la población.
Históricamente, las labores de cuidado han estado a cargo de las mujeres. Brenda afirma que: “Si se diseñara para ellas, o para las labores del cuidado, que ahorita todavía son responsabilidad de las mujeres, se atendería a toda la población”.
Es por eso que Laura ahora asiste todos los días a sus actividades en automóvil propio. El transporte público, que antes le permitía ahorrar tiempo y dinero, dejó de ser una opción.

Antes de acudir a Juárez Digital para denunciar la discriminación, publicó su caso en redes sociales. La respuesta no fue la que esperaba. Entre los comentarios, uno resumía una postura cada vez más normalizada: “Normalicen no tener la obligación de darle el asiento a nadie”.
Más que un caso aislado, la experiencia de Laura refleja una forma de entender la ciudad: un sistema que no está diseñado para quienes la recorren en condiciones de mayor vulnerabilidad.
La Norma Oficial Mexicana NOM-004-SEDATU-2023 establece que el diseño de las calles y sistemas de movilidad debe priorizar a las personas con movilidad limitada. Bajo este principio, una mujer embarazada debería encontrar condiciones que faciliten su traslado, no obstáculos que la obliguen a abandonar el transporte público.
Sin embargo, la realidad muestra lo contrario. Mientras el sistema sigue respondiendo a trayectos lineales, miles de mujeres continúan resolviendo jornadas fragmentadas que incluyen trabajo, cuidados y traslados múltiples.

FOTO: Jesús Molina
“La mujer no solamente cuida, sino que también trabaja, también produce, es emprendedora, también vende algo y, aparte, hace todo lo demás que ya hacía: lava, recoge a los niños, los lleva al médico, cocina, va al mandado”.Diseñar la ciudad pensando en ellas no es una concesión, es una solución. Porque en esos recorridos complejos, en esos tiempos divididos y en esas condiciones de vulnerabilidad, también están las necesidades del resto de la población. Ignorarlas no solo afecta a las mujeres: limita el funcionamiento de toda la ciudad.

