
A seis años del Covid: Juárez arrastra crisis que no terminó en pandemia
Aún persisten las secuelas: pérdida de empleos, rezago educativo y una afectación en la salud mental que especialistas estiman alcanza hasta al 60 por ciento de la población y cuya recuperación podría tardar hasta una década
En Ciudad Juárez, a seis años de la llegada del Covid-19, la pandemia no se mide en contagios, sino en lo que dejó: 65 mil empleos menos en la maquila, una generación de estudiantes con rezago académico, jóvenes con dificultades para socializar tras años frente a pantallas, familias marcadas por duelos sin despedida y una salud mental deteriorada que especialistas estiman afecta hasta al 60 por ciento de la población.
Esa es la herencia que sigue presente en la ciudad, aun cuando el virus ya no domina las estadísticas.
Especialistas advierten que revertir estas afectaciones no será inmediato. La recuperación, tanto económica como social y emocional, podría tomar entre cinco y diez años, en un proceso gradual que dependerá no solo de la reactivación productiva, sino también de la capacidad institucional y social para atender las secuelas que dejó la pandemia.
Con siete casos de Covid-19 registrados en Chihuahua del 1 de enero al 29 de marzo de 2026 y con solo una defunción que se presentó en el municipio de Cuauhtémoc, las cifras oficiales reflejan una baja incidencia del virus. Sin embargo, especialistas consideran que las afectaciones económicas, sociales y de salud mental que dejó la pandemia en el estado van más allá y siguen siendo fuertes.

A partir del año 2020 y, al igual que en todo el mundo, en México la pandemia del Covid-19 cambió la forma de vida para todos sus ciudadanos.
El Covid-19 obligó a modificar la estructura de la sociedad mexicana. Las medidas de salud que se tuvieron que implementar obligaron a la población a replegarse detrás de los cubrebocas y a mantenerse alejada de sus entornos sociales, modificando así de manera significativa sus usos y costumbres.
Para el periodo comprendido del 1 de enero al 29 de marzo de 2026, la Secretaría de Salud del Estado de Chihuahua tiene un registro total de 7 casos de Covid-19 en la entidad.
La dependencia reportó que de estos casos, 2 se registraron en Cuauhtémoc, 1 en Chihuahua, 1 en Camargo, 1 en Delicias, 1 en Jiménez y 1 más en López.
La única defunción que se ha presentado hasta el tercer mes de este 2026 fue la de un varón en el municipio de Cuauhtémoc, de acuerdo con las autoridades de salud estatales.
La herida económica
Entre otros factores, el que se haya obligado a trabajar desde casa para evitar más contagios ha dejado como resultado una mayor dependencia y un incremento en la automatización, lo que economistas consideran se ha visto reflejado en la pérdida de 65 mil empleos en la industria maquiladora local en los últimos años.
“Las afectaciones y secuelas económicas que la pandemia del Covid dejó a casi cuatro años de que terminó fueron muy severas, porque hubo que aislar a toda la gente, tanto del trabajo como de la actividad comercial, debido a que el contagio era muy fuerte, y hasta que se vacunaron o pasó el virus es que pudieron reincorporarse a esas actividades”, comentó el economista de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), Miguel Ángel Calderón.
Señaló el especialista que incluso hoy en día todavía se ven secuelas de la pandemia con gente que no sale de sus casas y otras más que permanecen con miedo de ir a trabajar.
“Todo esto ha traído consigo consecuencias económicas muy importantes. Por ejemplo, hubo desempleo, en donde hoy traemos 65 mil empleos menos en la maquila. En el sector comercial vemos una lenta recuperación, al igual que en otros servicios pero, a final de cuentas, poco a poco la economía se ha ido regularizando, pero para que se pueda apreciar claramente esa normalización, fácilmente deberán pasar otros cuatro o cinco años”, pronosticó.

Señaló que además de que no es fácil que se regularicen esa clase de actividades, se tiene por otra parte que asegurar a los inversionistas que no se tendrá otra situación similar a corto o mediano plazo.
“La Secretaría de Salud tiene que estar muy atenta a todo esto, estar notificando y previendo que no se vuelva a dar una pandemia con esas características”, asentó el economista.
Contó que en su caso particular las afectaciones se reflejaron en que se vio obligado a quedarse a trabajar en casa y por vía electrónica.
“No pude asistir a clases, me quedé en la computadora dando clases y en ese tiempo ya me pensioné y dejé la universidad, pero sigo de alguna manera activo. Lo que se puede augurar y esperar es que se normalice de manera completa la situación para que la gente se reincorpore ya a sus tareas normales”, planteó.
“Sin embargo, lo que es la automatización se ha incrementado muchísimo, y ya hay personas que prefieren no regresar a dar clases presenciales, sino solo virtuales, y es en ese sentido que sí ha cambiado mucho la situación”, ponderó el académico.

La pérdida que no cerró
Los doctores en Psicoterapia Humanista Hugo Almada y Adriana Varela hablaron sobre las afectaciones que se siguen dando en la población de Chihuahua a cerca de cuatro años de que terminó la pandemia por Covid-19.
“En entornos como Ciudad Juárez hubo un aumento de ansiedad y depresión. Muchas de estas personas experimentaron incertidumbre, miedo al contagio y pérdidas personales o económicas. Estuvo muy fuerte y muy profunda la experimentación de estas situaciones de miedo y de incertidumbre, de pérdida económica, dejando secuelas de ansiedad persistente. Hay personas que ya se quedaron con esa ansiedad sostenida hasta estos años”, declaró la psicóloga.
Por su parte Almada consideró que las afectaciones pueden agruparse en cuatro grandes rubros.
“El primero y más obvio es que la pandemia dejó una gran cantidad de duelos sin procesar. Son duelos de un tipo no habitual, porque además del dolor de la pérdida, en muchos de los casos hubo situaciones en que no pudieron volver a ver a la persona que falleció, es decir, no pudo haber despedida ni en el momento en que ingresó al hospital ni al momento de la pérdida, del fallecimiento”, dijo Almada.
“En muchos de los casos la persona se quedó con culpa, ya sea por haberla llevado al hospital y no haberse despedido o por no haberla llevado, entonces la persona falleció y quedaron culpas difíciles sin procesar, con lo que también quedó una situación de impotencia. No pudieron hacer nada respecto a eso. Son duelos difíciles de procesar y en muchos de los casos se han quedado y siguen abiertos”, externó.
Respecto al duelo no resuelto, Varela comentó que son muchas las familias las que vivieron y viven hoy todavía esas pérdidas emocionales de no haberse despedido adecuadamente en ese momento.
“Los funerales son rituales que permiten que se vaya abriendo la puerta a la resignación, que permiten un mejor acomodo del duelo en el cerebro y en la salud mental. Durante la pandemia la gente no podía realizar funerales ni despedirse adecuadamente y esto complicó los procesos de duelo, por lo que hay personas que todavía siguen hoy muy estancadas en esos procesos de duelo, que derivan en una tristeza prolongada o sentimientos de vacío”, comentó la psicoterapeuta humanista.
Encierro que tensó hogares
Una segunda secuela mencionada por el psicólogo es que el encierro que se vivió durante la pandemia incrementó de manera significativa la cantidad de horas que las personas se vieron obligadas a permanecer en casa juntas, lo cual por un lado dijo favoreció la comunicación y la mejora de las relaciones interpersonales.
“Pero en muchos casos esto no fue así y el encierro prolongado provocó una mayor tensión y secuelas de violencia doméstica que a la fecha se siguen presentando y elaborando. Antes de la pandemia y cuando la pareja terminaba su trabajo, llegaban a casa y podían convivir armónicamente, pero al verse obligados a estar encerrados y estar juntos de manera permanente, esa situación vino a acentuar y agravar las diferencias entre ellos y también en las familias con hermanos, padres y otros familiares”, señaló.
Una generación frente a la pantalla
Una tercera consecuencia y afectación, dijo, es que la pandemia agudizó las dificultades para socializar, para generar vínculos y para hacer contacto.
“Esto lo vemos en todas las personas, pero principalmente en quienes eran adolescentes y jóvenes en esa época. En pocas palabras, la pandemia fortaleció la dependencia en las pantallas. Se incrementó mucho el apego al celular y también a los videojuegos, y esto hace que muchos de los adolescentes tengan dificultad hoy para generar vínculos y hacer contacto, para socializar”, estableció.
“En una etapa significativa en la que se está floreciendo a la vida, esos jóvenes estuvieron encerrados durante tres años, sin ir a viajes ni a fiestas, a nada, entonces en este grupo de edad el encierro generó muchas de esas dificultades”, estableció.
El rezago que sigue en las aulas
Un cuarto elemento, explicó, es que se generó un déficit académico y cognitivo muy significativo.
“Prácticamente duraron dos años sin escuela. En la universidad, tuvimos que dar clases en línea, que dio como resultado una baja en la calidad al faltar la parte presencial, pero el estudiante universitario tiene más recursos y finalmente pudo ver la manera de contactarse. Tienen más formas, más posibilidad de interactuar vía virtual, pero en niveles menores de escolaridad como primaria, secundaria o preparatoria, prácticamente esto no existió o fue muy, muy limitado”, comentó.
Por tanto, consideró Almada, a la fecha se arrastra ese déficit académico y cognitivo para el cual dijo se están haciendo esfuerzos por parte de la llamada Nueva Escuela Mexicana con objeto de subsanarlo, agregando que es algo que hasta la fecha no se ha logrado satisfactoriamente.

Aislamiento: la nueva normalidad emocional
“Después de la pandemia otro de los factores que se vieron afectados psicológicamente y en salud mental es el aislamiento social y las dificultades para relacionarse. El distanciamiento prolongado en aquel entonces afectó habilidades sociales y vínculos, y algunas personas todavía sienten incomodidad en espacios sociales. Se han visto en la necesidad de reducir sus círculos o interacciones. Todavía queda una secuela como ansiedad social en donde las personas prefieren seguir aislándose. Les resulta más cómodo que volver a socializar aún y cuando ha pasado tanto tiempo después de la pandemia”, diagnosticó por su parte la doctora Varela.
Varela informó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) maneja unas estadísticas de que la afectación por las secuelas de la pandemia siguen siendo de alrededor de un 30 por ciento para el general de la población en el planeta.
“Desde nuestra experiencia y con las personas que nosotros atendemos en Juárez, que es un entorno vulnerable, estresante, podemos decir que sí son más de la mitad de los casos que recibimos los que manifiestan secuelas de salud mental por Covid y que llega a cerca de un 60 por ciento”, aseguró.

Cómo reconstruirse después de la pandemia
Enseguida planteó algunas recomendaciones con las que consideró se pueden minimizar esas afectaciones, siendo la primera el hablar y expresar las emociones, así como mantener una red social y los vínculos sólidos, no aislarse tanto de amistades, familiares y amigos.
“Pero antes de eso y de manera individual, también es importante mantener una rutina estable. Tener un horario regular para dormir, estudiar, horarios para comer, y esto reduce la ansiedad y el cerebro funciona con mejor estructura”, estableció.
La psicoterapeuta humanista consideró que es sumamente importante el mantener una actividad física frecuente, comentando que cualquier ejercicio, así sea algo tan sencillo como 20 o 30 minutos de caminar, mejora considerablemente el estado de ánimo y reduce el estrés, destacando que con esa actividad se favorece el sueño.
“Fortalecer las relaciones sociales es muy recomendado, hablar con amigos, familiares o compañeros. El apoyo social protege contra la depresión y el aislamiento, y también es fundamental cuidar del sueño, tratar de dormir de 7 a 9 horas al día. Eso ayudará, definitivamente”, consideró la especialista.

