Cada 10 de agosto, Bertita vuelve a San Lorenzo a pie y con su familia
Foto: Jesús Molina
La relación con San Lorenzo tiene raíces de muchos años, desde hace 45 años que llegó a vivir a la zona de San Judas Tadeo
Cada 10 de agosto, Berta Alicia Moreno, conocida de cariño como “Bertita”, vuelve al templo de San Lorenzo junto con su familia después de caminar desde la comunidad de San Judas Tadeo, todo como parte de una tradición que mantienen desde hace alrededor de 25 años y que para ella representa una forma de agradecer, convivir y mantener viva su fe.
Berta es servidora de San Judas Tadeo y también forma parte de la Legión de María, una hermandad a la que pertenece por su devoción a la Virgen María. Para ella, ser legionaria no se limita a las actividades que realizan en la iglesia, sino que representa un vínculo que, según su fe, continuará incluso después de la vida terrenal.
“Nosotros estamos convencidos de que la Virgen María, siendo la madre de Dios, nos protege y nos libra de todo mal”, explica Berta al hablar de su pertenencia a la Legión de María, donde comparte con otros integrantes una devoción que considera parte importante de su vida.

Pero su relación con San Lorenzo también tiene raíces de muchos años. Hace aproximadamente 45 años llegó a vivir a la zona de San Judas Tadeo, cuando los habitantes de ese sector acudían principalmente al templo de San Lorenzo, antes de contar con su propia comunidad. Desde entonces, asegura, nunca ha abandonado la tradición de acudir a la fiesta del santo.
La caminata familiar comenzó hace unos 20 o 25 años. Aunque con el paso del tiempo sus familiares se han mudado a distintos puntos de la ciudad, cada 10 de agosto regresan a la casa familiar para reunirse y salir juntos entre las 6:00 o 6:15 de la mañana, buscando aprovechar las primeras horas del día antes de que aumente el calor.

Para Berta, llegar a San Lorenzo no significa acudir únicamente cuando existe una necesidad. Su familia realiza el recorrido por gusto y para dar gracias por un año más. “Venimos por placer, por gusto, a su fiesta”, dice, mientras recuerda que después de caminar tranquilamente hasta el templo, la familia agradece a San Lorenzo por permitirles regresar una vez más.
Su historia también está ligada al padre Abdo, a quien conoce desde mediados de los años 90 y a quien describe como un sacerdote cercano, sonriente y carismático. A lo largo de los años, Berta ha conservado además un apodo que se volvió parte de su identidad dentro de las iglesias: “Bertita”, como la llaman los sacerdotes que la conocen.

