Gabriel vende semillas, pero ya no puede caminar hasta los carros
Foto: Jesús Molina
Llegar al punto de ventas a diario representa un gran sacrificio que logra solo gracias a un andador y la carriola donde transporta su mercancía, "Llego hecho garras", dice
Gabriel Zúñiga Chaparro se instala todos los días en la esquina de las calles Panamá y 16 de Septiembre, donde vende pequeños paquetes de semillas a 10 pesos; debido a que cada vez tiene menos fuerza en las piernas y las manos, pide a quienes pasan por el lugar que bajen del automóvil para comprarle, pues caminar hasta los autos se ha convertido en una tarea difícil que puede tomarle varios minutos.
Gabriel llega caminando desde su casa. Son alrededor de 10 cuadras que recorre con ayuda de un andador y una carriola donde transporta sus productos. “Llego hecho garras”, dice. Porque sus piernas ya no responden como antes. Aun así, prefiere salir a vender que quedarse en casa acostado sin hacer nada.
Su situación ha cambiado con los años. Antes podía caminar con un bastón y llegar hasta una sombra cercana para descansar. Ahora incluso levantarse del asiento, avanzar unos metros o cargar un galón de agua representa un esfuerzo. Hay ocasiones en las que el semáforo cambia antes de que consiga llegar a donde está el cliente.
“Hay veces que nomás en querer levantarme, pierdo el minuto y medio que dura el semáforo en cambiar”, cuenta.




Por eso, cuando alguien se estaciona cerca y baja a comprarle, para Gabriel significa mucho más que una venta. Puede atender a la persona sin tener que levantarse y recorrer la calle con dificultad. “Como no me levanto, pues la gente no quiere estacionarse ahí para no entorpecer el tráfico”, explica. Hay quienes sí se acercan, pero otros prefieren seguir su camino.
Gabriel vende principalmente semillas en paquetes de 10 pesos y, cuando puede, también ofrece agua fría. Sin embargo, cargar varios litros ya no es una opción para él. No tiene automóvil para trasladar sus cosas y debe hacer el recorrido a pie para llegar hasta el punto donde trabaja.
Su problema comenzó hace más de dos décadas y con el tiempo ha perdido fuerza y movilidad. En 2009 fue sometido a una cirugía neurocervical, después de varios años de consultas y estudios. Desde entonces, su condición ha seguido avanzando y ahora tiene dificultades para caminar, levantarse y realizar algunas actividades cotidianas.
A pesar de todo, sigue llegando a Panamá y 16 de Septiembre para buscar una forma de completar sus gastos. “Tengo que estirarla como si fuera chicle”, dice al hablar de la pensión con la que debe pagar renta, servicios, medicamentos y comida. Por eso, cuando alguien quiere comprarle, Gabriel prefiere que se baje del carro y se acerque hasta donde él está, pues cada vez le cuesta más levantarse y caminar. “Aquí estoy”, dice, señalando el lugar donde pasa sus días.

