Edxon Castro: de los escenarios del mundo a enseñar que nunca es tarde para aprender
Foto: Adrián González
Edxon Castro es maestro de percusión en la Academia Municipal de Arte
La música ha acompañado a Edxon Rodrigo Castro Pérez Cortés desde muy joven, nacido en la Ciudad de México, comenzó su camino artístico entre baterías, percusiones y canciones de música latinoamericana, particularmente aquellas relacionadas con la cultura boliviana, sin imaginar que aquellos primeros acordes serían el inicio de una historia que lo llevaría a recorrer distintos países y, años después, a comenzar una nueva etapa de su vida en Ciudad Juárez.
Por motivos familiares tuvo que trasladarse a Guadalajara, lugar donde surgió una oportunidad que cambiaría el rumbo de su carrera: integrarse a un grupo de música latinoamericana en Puerto Vallarta. Edxon aceptó la propuesta y llegó hasta un hotel, donde sus amigos lo invitaron a tocar como una forma de obtener ingresos y lo que comenzó como una manera de ganarse la vida terminó convirtiéndose en una experiencia de dos años que le permitió desarrollarse como músico.
Sin embargo, los problemas sindicales dentro del hotel obligaron al grupo a buscar nuevos caminos, fue entonces cuando el director del establecimiento les propuso trasladarse a Los Cabos para seguir trabajando en otro hotel de la misma franquicia y Edxon aceptó, fue en este destino donde logró consolidar buena parte de su trayectoria profesional.



Su trabajo en Los Cabos también le abrió las puertas a nuevos escenarios. La música lo llevó de gira por distintos lugares del mundo, entre ellos Estados Unidos, Cuba, Brasil y Colombia, experiencias que además de permitirle conocer otras culturas, enriquecieron su formación como músico al entrar en contacto con instrumentos y sonidos de diferentes regiones.
Después de varios años de experiencias, Edxon regresó a México con una maleta llena de conocimientos y vivencias, pero fue también durante esta etapa cuando la música dejó espacio para otra historia que terminaría llevándolo hasta la frontera norte.
A través del antiguo Messenger conoció a una mujer originaria de Ciudad Juárez, aquella conversación que comenzó a la distancia despertó poco a poco su interés por conocer más de ella y de la ciudad fronteriza de la que hasta entonces sabía muy poco, con el tiempo, la relación se fortaleció, hasta que ambos decidieron casarse.
Edxon llevó a su esposa a Los Cabos para comenzar juntos una vida en aquel destino que había sido parte importante de su carrera, sin embargo, la naturaleza cambió sus planes, un huracán categoría 5 azotó la región y arrasó con su vivienda, obligándolos a dejar atrás buena parte de lo que habían construido para regresar a Ciudad Juárez.
De vuelta en la frontera, Edxon tuvo que comenzar prácticamente desde cero, buscó oportunidades para continuar dedicado a la música y encontró espacios para tocar durante los fines de semana en algunos bares, aunque los ingresos no eran suficientes para sostenerse.
Fue entonces cuando decidió convertir todo aquello que había aprendido durante años en una nueva fuente de oportunidades: comenzó a impartir clases particulares de canto y percusión.
Aquella experiencia que inició en escenarios de hoteles y que lo llevó por diferentes partes del mundo hoy se ha transformado en una labor de enseñanza, Edxon Castro es maestro de percusión en la Academia Municipal de Arte, ubicada sobre la avenida Vicente Guerrero y la calle Ignacio Ramírez, donde comparte sus conocimientos con estudiantes de distintas edades.
Para Edxon, la música no solamente representa una profesión, sino también una herramienta que le ha permitido levantarse cada vez que la vida le ha puesto obstáculos. Después de recorrer escenarios nacionales e internacionales, perder su hogar y comenzar nuevamente en una ciudad distinta, hoy encuentra una nueva forma de trascender: enseñar.
Su historia también deja una lección entre sus alumnos: para acercarse a la música no existe una edad determinada. Desde los más pequeños hasta los adultos pueden encontrar en la percusión una manera de aprender, expresarse y descubrir nuevas habilidades.
Así, el músico que alguna vez recorrió escenarios de México y otros países ahora tiene como escenario un salón de clases, donde cada ritmo representa una oportunidad para compartir lo que la vida le enseñó y demostrar que, sin importar cuántas veces sea necesario comenzar de nuevo, siempre puede existir un nuevo ritmo para seguir adelante.

