Don Pablo, años tras la plancha y sigue ofreciendo las mejores tortas
Foto: Adrián González
Un pequeño puesto ubicado sobre la calle Manuel Cardona, esquina con Malecón, a un costado del Hospital de la Familia, un negocio con más de 50 años de historia
En una esquina del Centro Histórico de Ciudad Juárez, entre el ir y venir de personas y las preocupaciones de quienes acuden a recibir atención médica, don Pablo Martínez ha dedicado 39 años de su vida a preparar tortas en un pequeño puesto ubicado sobre la calle Manuel Cardona, esquina con Malecón, a un costado del Hospital de la Familia, un negocio con más de 50 años de historia que se ha convertido en parte de la memoria de la zona.
Cuando don Pablo llegó a trabajar al lugar, las tortas costaban apenas nueve pesos, un precio que hoy parece lejano ante el paso del tiempo y los cambios económicos que han transformado la vida cotidiana de los juarenses, pues actualmente una torta especial alcanza los 85 pesos, mientras los incrementos en los costos han complicado las ventas y modificado la dinámica de un establecimiento que durante décadas recibió a cientos de clientes.
Sin embargo, detrás de cada torta preparada sobre la plancha existe una historia que va más allá de la comida, pues don Pablo ha sido testigo de las preocupaciones de personas que llegan al Hospital de la Familia con algún ser querido lesionado o internado, quienes encuentran en ese pequeño puesto una alternativa para alimentarse después de pasar largas horas al pendiente de sus familiares, en medio de la incertidumbre y el cansancio.


A lo largo de casi cuatro décadas, el comerciante ha visto pasar innumerables rostros, escuchado conversaciones y presenciado momentos difíciles que forman parte de la vida cotidiana de quienes transitan por el sector, experiencias que le han permitido comprender que su trabajo no consiste únicamente en preparar alimentos, sino también en ofrecer un espacio cercano para quienes necesitan hacer una pausa y recuperar fuerzas durante jornadas complicadas.
Aunque los años han traído cambios en los precios, en la afluencia de clientes y en las condiciones del comercio, don Pablo continúa portando con cariño su delantal y desempeñando el oficio que ha acompañado gran parte de su vida, con el mismo empeño detrás de la plancha y la dedicación puesta en cada preparación, convencido de que el trabajo diario sigue siendo una manera honesta de salir adelante.
Hoy, mientras el Centro Histórico continúa su propio ritmo y las calles cambian con el paso de las generaciones, don Pablo permanece en aquella esquina con el esfuerzo de siempre, preparando tortas para quienes buscan saciar el hambre o simplemente hacer una pausa, y manteniendo viva una tradición que durante más de medio siglo ha alimentado a los juarenses, pero que también ha guardado en sus aromas y sabores una parte de la historia humana de Ciudad Juárez.

