Apagones en Chihuahua terminan con la vida de médico; estaba intubado por COVID

Paúl Pizaña Valenzuela, joven médico de 26 años de edad, falleció el pasado 15 de febrero, dentro de su domicilio ubicado al sur de la ciudad de Chihuahua. La serie de apagones sufridos al norte del país fueron causantes de que no pudiera seguir con su recuperación tras varios meses en atención médica por COVID 19.

Este caso demostró que las afectaciones por la falta de energía eléctrica no fueron únicamente económicas, pues en medio de una pandemia varios pacientes estuvieron en riesgo.

En la colonia Los Pinos, los apagones ya ocurren con regularidad pero eran de poca duración. Ante estas circunstancias la familia Pizaña había buscado alternativas, auxiliando la energía doméstica con una corriente alterna a partir de baterías de automóvil. Con un convertidor de voltaje, lograban mantener funcionando el respirador eléctrico que utilizaba el joven. Adicionalmente también contaban con un tanque de oxígeno como prevención.

Parecían haber garantizado la recuperación de su hijo hasta que esta semana la falta de suministro de energía por un largo periodo de tiempo complicó las cosas.

Paúl Pizaña contrajo el virus el 15 de noviembre mientras cuidaba de su hermana con síndrome de Down en el edificio de las Pensiones Civiles del Estado, también contagiada por COVID. Debido a su preparación se atendió utilizando nebulizadores y diversos medicamentos. Lamentablemente  11 días después tuvo que ser hospitalizado debido a la gravedad de la enfermedad.

Permaneció internado en Hospital Morelos hasta el 31 de diciembre del año pasado, fecha en la que se trasladó al área de recuperación, lugar donde permaneció dos semanas más.

Debido a que realizaba su servicio social en el Hospital Palmore, los directivos le ofrecieron permanecer en sus instalaciones hasta el 4 de febrero.

La última etapa de recuperación tenía que ser llevada dentro de su domicilio, sin embargo, fue ahí donde el 15 de febrero, debido a un paro cardiaco ocasionado por las secuelas de la enfermedad, falleció.

La falta de internet y la saturación de las líneas del 911 limitaron las llamadas de auxilio de su familia. 

Minutos más tarde un doctor conocido de la familia acudió para tratar de reanimar a Paúl, sin embargo, la falta de luz impidió darle descargas eléctricas y no se contaba con adrenalina. A las 09:45 anunció que era imposible regresarle signos vitales a su colega.

“Llamamos al 911, no contestaban ni nos daban alguna respuesta y así continuamos insistiendo por media hora, y cuando por fin nos contestan, la operadora nos comienza a inundar con preguntas hasta que el doctor le explicó que era una urgencia real y no había tiempo de protocolos. La respuesta de la operadora fue que no había disponible ninguna ambulancia”

“Ya lo único que les queremos decir a las autoridades es que no se vuelva a repetir este tipo de cosas porque se ha perdido una valiosa vida”. Mencionó el padre del difunto doctor.

Se estimaba que Paúl volviera a la primera línea de atención ante COVID los primeros días de abril.