Plantar tres árboles no compensa la pérdida de uno centenario, advierte agrónomo
Foto: Cortesía Norte Digital
La reposición de árboles exigida tras una tala difícilmente iguala los beneficios ambientales que ofrecen ejemplares maduros, señaló Luis Gonzaga.
La obligación de reponer árboles después de una tala no alcanza a compensar el daño ambiental provocado por la pérdida de ejemplares maduros o centenarios, advirtió el agrónomo Luis Gonzaga, quien señaló que los beneficios ecológicos de un árbol desarrollado tardan décadas en recuperarse.
El especialista explicó que, aunque actualmente las autoridades solicitan la plantación de varios árboles como medida compensatoria cuando se autoriza el derribo de uno, los ejemplares jóvenes no pueden sustituir de inmediato las funciones ambientales que desempeñan árboles con décadas de crecimiento.
“Que planten tres árboles por cada uno que derriban no se compara. De aquí a que esos árboles alcancen el tamaño y los beneficios que tenían los que fueron talados, pasarán muchos años”, señaló.


Gonzaga indicó que los árboles maduros ayudan a reducir la temperatura, proporcionan sombra, capturan dióxido de carbono, generan humedad y favorecen la infiltración de agua hacia los mantos freáticos. Además, funcionan como refugio para aves, insectos y otras especies que dependen de ellos para alimentarse o anidar.
Añadió que la pérdida de ejemplares de gran tamaño también tiene consecuencias económicas, ya que los árboles incrementan el valor de las propiedades y mejoran las condiciones ambientales de los espacios urbanos. Sin embargo, consideró que con frecuencia estos beneficios son ignorados cuando se autorizan desarrollos habitacionales o comerciales.
El agrónomo lamentó que en Ciudad Juárez no se hayan impulsado programas permanentes de reforestación a gran escala que permitan aumentar la cobertura vegetal y compensar la pérdida constante de árboles. Señaló que, de haberse mantenido esfuerzos sostenidos durante años, actualmente la ciudad contaría con mayores áreas verdes y mejores condiciones ambientales.
Finalmente, sostuvo que la tala de árboles debe analizarse más allá del cumplimiento de requisitos administrativos, ya que la desaparición de ejemplares maduros representa la pérdida de beneficios ecológicos acumulados durante décadas y que difícilmente pueden recuperarse en el corto plazo.

