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Don Braulio

Caso Tesla: la otra historia detrás de la condena millonaria

Por Don Braulio | 6:58 am junio 9, 2026

Mucho es el barullo que en medios de comunicación y redes sociales ha generado el caso Tesla, en donde se repite, una y otra vez, que es injusta y nefasta una sentencia judicial que condena a una institución educativa -que solo pretendía proteger a posibles víctimas de abuso sexual- a pagar más de 20 millones de pesos por daño moral al presunto abusador. 
 
En principio es natural, hasta instintivo, ponerse de parte de las posibles víctimas de delitos sexuales. De hecho, Don Braulio, su seguro servidor y amigo, es el más ferviente convencido de que quién la hizo la debe de pagar, sin piedad. Pero en el caso que nos ocupa hoy, este añoso Don no deja de observar que muchos que opinan, sean periodistas, abogados, funcionarios, políticos y hasta metiches de corazón, lo hacen sin haber tenido acceso a la más elemental información oficial y legal de este asunto. 
 
Es fácil subirse al tren del mame: hacer juicios, emitir opiniones y hasta condenar. Lo difícil es hacerlo con los pelos de la burra en la mano, con conocimiento pleno de los hechos que pretendemos juzgar, con la información necesaria y completa, pues. Desgraciadamente, este mal social se replica en muchos de los temas de mayor importancia para nuestra comunidad y nuestro bello país. 
 
En el manoseado caso Tesla, de entrada, Don Braulio tiene dos consideraciones: a) Si a este muchacho que fue acusado de cometer conductas indebidas en contra de sus ex compañeras se le llega a comprobar legalmente que cometió algún delito, que pague las consecuencias de sus actos; y b) Independientemente de la determinación de culpabilidad o no de este joven, el monto a pagar por más de 20 millones de pesos por daño moral a que fue condenada una institución educativa de aproximadamente 150 alumnos, es completamente desproporcionado y absurdo.
 
Dicho lo anterior, les comento que su servilleta y compadre se dio a la tarea de hacer horas nalga para revisar el material oficial y legal que existe en todo este asunto, y no deja de preguntarse el por qué no se cuentan las cosas como son, completas. A estas alturas, la mayoría de la gente piensa que a la escuela la condenaron (excesivamente, por cierto) al pago de millones de pesos por la expulsión de un alumno acusado de abuso sexual. Y como dice el clásico, si pero no. 
 
 
*El quid del asunto 
 
En realidad, el núcleo de la demanda civil contra el Instituto Tesla no es la expulsión del alumno, sino la comunicación inmediata, aparentemente maliciosa, de la expulsión de su ex-alumno que la propia directora de Tesla hizo a la directora de Admisiones de la Minerva University, institución extranjera en donde Sergio había sido admitido meses antes por su alto desempeño académico, donde ya contaba con beca, plan de trabajo y préstamos estudiantiles. 
 
Hasta el 17 de mayo de 2022 la directiva de Instituto Tesla desconocía completamente los casos de presuntos abusos sexuales supuestamente cometidos por años contra decenas de sus estudiantes por uno de sus alumnos, pero un día después, el alumno acusado ya había sido suspendido y separado de la escuela. 
 
Para el 30 de mayo, a solo 9 días hábiles de haber tenido conocimiento de estas acusaciones, cuando aun no se contaban con los elementos legales suficientes para determinar o no una probable responsabilidad de su ex alumno, la directora de Tesla ya estaba informando a la Universidad gringa que había becado a Sergio de su expulsión, con lo que provocó que, inmediatamente, esa institución extranjera le revocara su admisión, su beca y demás beneficios previamente ofrecidos. 
 
Ojo. Para ese momento no existía (y sigue sin existir) resolución, sentencia u orden judicial que justificara la difusión de cualquier información que perjudicara la imagen o reputación de Sergio ante cualquier persona o institución, sobre todo cuando esa institución era ajena a cualquier procedimiento iniciado en su preparatoria y ante la autoridad competente para investigar y acusar, como la fiscalía estatal. 
 
Esta comunicación oficiosa de la directora de Tesla, que fue acreditada en juicio, no podía haber llevado otra intención que la de perjudicar la reputación de su ex alumno para que no fuese aceptado en esa universidad extranjera, cuando aquí en México ni siquiera se había resuelto su situación jurídica ni se había acreditado la responsabilidad del acusado en la comisión de algún delito. 
 
Aparte de esta comunicación indebida, la demanda por daño moral del ex alumno de Tesla, argumenta y sostiene, con elementos probatorios, que la escuela no lo apoyó para que, una vez expulsado, pudiera obtener la documentación necesaria para continuar sus estudios en otra institución, además de que la información de su expulsión, y al parecer los supuestos motivos, también fue difundida dentro de la comunidad estudiantil de Tesla, con lo que se desbordó a otros ámbitos como las redes sociales, con las consecuencias personales y familiares que usted y yo podemos imaginar. 
 
Hoy que existe un auto de No vinculación a proceso, porque la autoridad investigadora no pudo aportar el material suficiente para acreditar la probable responsabilidad en la comisión de un delito por parte de Sergio, puede decirse que el Instituto Tesla, en lugar de respetarle a su alumno el debido proceso, decidió perjudicar su trayectoria mediante una decisión adoptada sin investigación previa, sin derecho de audiencia y sin presunción de inocencia. 
 
 
*Lo que existe en la carpeta de investigación 
 
Es aquí donde cabe preguntarse por qué, si la directiva de Tesla ha insistido tanto en las denuncias y señalamientos de presuntos abusos sexuales, en la defensa y protección de posibles víctimas de delitos sexuales, este mismo interés y determinación no fue o es compartido o apoyado en las instancias legales por al menos 19 ex alumnas y ninguna de sus madres, padres o tutores legales. 
 
De las 20 alumnas mencionadas como afectadas por la directiva de Instituto Tesla, solo una denunció ante la Fiscalía, y en los pocos testimonios que pudieron recabar de las demás alumnas se puede ver claramente que no estaban interesadas en denunciar o siquiera asistir a declarar ante la autoridad ministerial. 
 
En el informe de hechos que Instituto Tesla envió a la Inspección Escolar, Zona 81, se describen las conductas atribuidas a su entonces estudiante: entre ellas, sostener conversaciones de tipo sexual con sus compañeras, insistencia constante para que le hicieran llegar fotos íntimas, tocamientos indebidos y el envío de fotos inapropiadas.
 
Sin embargo, en el informe de hechos de Tesla también se puede ver que el alumno acusado le pidió a varias de sus compañeras que le enviaran fotos íntimas a cambio de ayuda académica, a lo que, ante su insistencia, algunas de las alumnas habrían accedido. Otra de las alumnas acepta que durante la pandemia compartió fotos de carácter sexual con su entonces compañero, y otra alumna más manifiesta haber fingido no tener problema con que Sergio le enviara fotos íntimas. 
 
De los 20 casos mencionados por las directivas de Tesla, la única denuncia formal ante fiscalía que existe contiene lo siguiente: una ex compañera del acusado dice que el 07 de mayo de 2022, cuando se encontraba en el centro comercial Las Misiones caminado por los pasillos con Sergio, sintió un peso en sus glúteos, y cuando volteó vio que su entonces compañero la estaba tocando con su mano; no supo qué hacer, solo se le quedó viendo, siguieron caminando y ella caminó más rápido para que su ex compañero quitara su mano de esa zona. 
 
A raíz de la única denuncia formal, la fiscalía procedió a citar con carácter inmediato a varias de las compañeras que el mismo Instituto Tesla menciona en su informe de hechos. 
 
En esta citación urgente, una de las alumnas sostuvo que su ex compañero señalado en la denuncia le mandó fotos durante la pandemia. Las fotos eran de Sergio sin camisa. Ella le pidió que ya no lo hiciera y su entonces compañero ya no insistió. Asimismo agrega que Sergio nunca le realizó tocamientos indebidos, que nunca se propasó con ella de ninguna forma, por lo que no tenía nada que denunciar. 
 
Otra de las alumnas sostuvo que no estaban interesados en denunciar a nadie, ya que para ellos era más que suficiente que hubieran expulsado a su ex compañero de la escuela. Otra más de sus compañeras narra que mientras ella tenía 17 años de edad, Sergio le habría enviado fotos de sus genitales y un video mientras se masturbaba, al tiempo que él le pedía una foto suya, pero que no estaba segura de querer denunciar penalmente, por lo que no lo hizo.
 
En esencia, por la vía penal, y ante la autoridad facultada para investigar la comisión de un posible delito, no se pudo llegar, siquiera, a una vinculación a proceso, mucho menos a una sentencia condenatoria. El juez de control terminó dictando un auto de No vinculación a proceso, porque la fiscalía no pudo aportar elementos suficientes para acreditar una probable responsabilidad por abuso sexual. 
 
 
*Los errores de la directiva de Tesla 
 
Ante una situación como la que vive Instituto Tesla, este viejo quejumbroso no deja de pensar que es muy probable que si la escuela, aplicando su reglamento, hubiera separado o hasta expulsado al alumno que era señalado, prestándole las facilidades y los documentos necesarios para que continuara su camino por otra parte, en lo que se realizaban las investigaciones y se esclarecían los hechos, el día de hoy no tendría ningún problema de tipo legal. 
 
Sería sumamente complicado ganar una demanda por daño moral argumentando una expulsión en donde la escuela aplicó su reglamento, informó del caso a las autoridades competentes y puso en conocimiento a la fiscalía estatal, todo con el ánimo de proteger a posibles víctimas de delitos sexuales. 
 
El error aquí fue que la institución educativa quiso hacer el papel de perito, fiscal y hasta juez, el error fue tomar el caso como algo personal y traspasar ciertos límites éticos que como docente y directivo no deberían transgredirse: truncar, a través de una comunicación maliciosa, el proyecto de vida, académico y profesional, de un joven que aun no era (ni ha sido hasta hoy) condenado por ningún delito, estorbarle su continuidad educativa en otra institución de México para que pudiera concluir la preparatoria en tiempo y difundir en su comunidad educativa, sin los elementos de prueba suficientes, versiones que terminaron perjudicando a su ex estudiante y a toda su familia. 
 
 
* Algunas conclusiones del caso Tesla
 
Es claro que en este caso, la directiva de Tesla ha generado ante medios de comunicación y en redes sociales una narrativa (incompleta) con la que nadie puede estar en desacuerdo y todos tendemos naturalmente a apoyar: la de una institución preocupada por proteger a sus estudiantes víctimas de presuntos delitos sexuales, y la de una escuela condenada al pago de más de 20 millones de pesos por el único hecho de haber expulsado a un presunto abusador sexual. 
 
Pero lo que obra en documentos, en carpetas, en expedientes, deja entrever otras aristas, otros ángulos que hablan, al menos, de conductas desplegadas por Tesla poco éticas y de violaciones básicas a los derechos de cualquier ser humano, como lo son el derecho de audiencia y la presunción de inocencia. 
 
Sin andar de argüendero, como muchos, y hecha su tarea, Don Braulio opina que se deben agotar las investigaciones conducentes por la vía penal para determinar si se configuran los presuntos abusos sexuales cometidos en contra de las ex-alumnas de esa institución. En esta labor debe empezar a apoyar Tesla nombrando a un buen asesor jurídico que coadyuve con la autoridad investigadora para que las carpetas y los probables juicios avancen, y de encontrar responsabilidad en el acusado, que se proceda conforme a la ley. En esto ya se tardó Tesla, pues de 2022 a la fecha no le han movido al asunto penal. 
 
Considero también que la resolución civil que condena a una institución de aproximadamente 150 alumnos a pagar 21 millones de pesos por daño moral es ridícula. Simplemente la institución educativa no cuenta ni contará con esa cantidad, por lo que la sanción es desproporcionada, una verdadera locura. Aun y cuando se compruebe que el Instituto, principalmente a través de su directiva, cometió errores y desplegó conductas poco éticas que habrían perjudicado a su ex alumno y su familia, una sanción de este calibre resulta absurda, y acabaría con una institución académica que lleva a cabo una labor muy importante para nuestra comunidad.

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