Aves, insectos y otras especies quedan sin hogar tras derribo de árboles
Foto: Francisco Luján / Norte Digital
Se derribaron más de 200 árboles en predio de cercano al Valle de Juárez
La tala de más de 200 árboles en un predio cercano al Valle de Juárez provocó la destrucción de un ecosistema completo que servía como refugio para aves, insectos y otras especies, además de generar impactos en la regulación de la temperatura, la infiltración de agua al subsuelo y la calidad ambiental de la zona, advirtió el agrónomo Luis Gonzaga.
El especialista señaló que, independientemente de las condiciones en que se encontraban algunos ejemplares, el principal daño radica en la desaparición del ecosistema que se había formado durante años alrededor de los árboles. Explicó que en ese espacio habitaban distintas especies de aves, insectos benéficos y otros organismos que mantenían cadenas alimenticias naturales y encontraban refugio lejos de la actividad humana.



“Imagínate que de un momento a otro lleguen y te derriben tu casa. Eso fue lo que ocurrió con todos los seres vivos que habitaban ahí”, expresó Gonzaga, al referirse a los animales que perdieron su hábitat tras el derribo de los árboles.
Añadió que la vegetación también cumplía una función importante en la captación de agua de lluvia y la recarga de los mantos freáticos. Explicó que la capa orgánica formada bajo los árboles permitía que el agua se filtrara gradualmente hacia el subsuelo, un proceso que se interrumpe cuando se elimina la cobertura vegetal.


Otro de los efectos inmediatos será el incremento de la temperatura en el área, ya que los árboles ayudaban a disminuir el calor mediante la sombra y la circulación de aire entre sus ramas. De acuerdo con el agrónomo, la pérdida de esta cobertura vegetal agravará las condiciones de calor en una zona que ya enfrenta los efectos del cambio climático.
Gonzaga indicó que la reposición de árboles difícilmente compensará el daño causado, pues los ejemplares jóvenes tardarán décadas en alcanzar los beneficios ambientales que ofrecían los árboles derribados. Además, recordó que un árbol maduro contribuye a la captura de dióxido de carbono, genera humedad y mejora las condiciones ambientales para las personas y la fauna.
El especialista también advirtió que la transformación de áreas naturales para proyectos urbanos suele modificar permanentemente los ecosistemas existentes. Señaló que, una vez eliminada la vegetación y acondicionado el terreno para futuras construcciones, las especies que utilizaban el sitio como zona de descanso, alimentación o anidación difícilmente regresarán al lugar.

